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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 196

Al escuchar la mención de dinero para los arreglos de boda, a Silvio se le iluminaron los ojos.

Sin embargo, recordó rápidamente la advertencia que Jimena le había hecho por teléfono y frenó en seco su codicia.

—Nada de dinero ni fiestas ostentosas, eso es lo de menos. Lo único que nos importa es que, si se van a casar, firmen el acta de matrimonio lo más pronto posible. Así, mi esposa y yo podremos estar tranquilos y nos evitaremos otro papelón como el de la última vez.

Héctor asintió, satisfecho con la respuesta.

—Por supuesto. Ya moví mis influencias. A primera hora del lunes irán a firmar los papeles.

Silvio y Liliana cruzaron una mirada de asombro.

Nunca imaginaron que los poderosos Jara tuvieran más prisa que ellos mismos.

Pero mejor así. Entre más rápido hubiera un papel firmado, menos riesgo había de que todo se viniera abajo.

Finalmente, Silvio dejó escapar una sonrisa de satisfacción.

—Me parece perfecto. ¡Entonces, a partir de hoy, somos familia! —dijo, y luego fulminó con la mirada a su esposa—. ¿Qué haces ahí parada? ¡Ve a servirle algo de tomar a nuestros consuegros!

Liliana, con una sonrisa que no le cabía en el rostro, se apresuró a la cocina.

Jimena, que había tenido el corazón en un puño desde que cruzaron la puerta, por fin pudo respirar tranquila.

Se sentó junto a Enzo y, con delicadeza, le tomó la mano.

Enzo se tensó por instinto e intentó retirar el brazo. Aún le costaba procesar que su relación con Jimena había cambiado para siempre. Pero al encontrarse con sus enormes ojos, suplicantes y tiernos, no tuvo valor para soltarse y dejó que ella entrelazara sus dedos con los suyos.

El ambiente en la sala se volvió relajado y jovial. Liliana regresó con una bandeja llena de vasos de agua fresca y fruta picada, que fue colocando sobre la mesa de centro.

Fue en ese momento cuando Viviana prestó atención al niño que estaba de pie en una esquina, calladito.

—¿Y ese chiquillo, de quién es?

Liliana hizo una pausa mientras servía el agua y miró al niño.

—Ah, es el hermanito menor de Jimena.

Viviana sabía que Jimena tenía dos hermanos, pero creía que el menor ya estaba en la universidad. Jamás imaginó que tuviera la misma edad que su nieto Mateo.

Miró a Silvio y a Liliana con una sonrisa algo burlona.

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