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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 164

En el vestíbulo del primer piso de Heraldo, Daniel Jiménez llevaba horas esperando el regreso de Enzo y su equipo. No se atrevía a llamarlos por teléfono por miedo a interrumpir algo importante.

Pero, lógicamente, a esa hora la conferencia ya debía haber terminado hace mucho.

Justo cuando su paciencia estaba a punto de agotarse, por fin vio entrar al ejecutivo de lentes junto a otros dos directivos.

—¡Por fin regresan! —Daniel se acercó emocionado, pero se detuvo al notar que faltaban dos personas—. ¿Dónde están Enzo y la señorita Sosa?

—La señorita Sosa se desmayó. El director Jara la está acompañando en el hospital —explicó el ejecutivo de lentes, aunque su expresión era un tanto extraña.

—¿Qué pasó? ¿Es algo grave? —preguntó Daniel, notando la actitud de su compañero.

El hombre negó rápidamente con la cabeza.

—No, el médico dijo que no es nada serio.

—Entonces, ¿qué tienen esas caras? —El ceño de Daniel se frunció—. ¿Salió algo mal en la conferencia? ¿Conocieron al nuevo director del instituto?

Al mencionar ese tema, los rostros de los tres hombres se volvieron aún más peculiares.

—Sí, la conocimos —asintió el de lentes. Al recordar el brillante discurso de Gabriela, todavía sentía cierta emoción, aunque también un inmenso arrepentimiento—. Y, de hecho, creo que usted también la conoce, Daniel.

—¿Yo la conozco? —Daniel parpadeó, perplejo. ¿De dónde iba a conocer él a alguien de ese calibre?

Si él tuviera contactos así, la crisis de Heraldo se habría solucionado hace mucho y no estarían en esta situación.

Mientras Daniel se devanaba los sesos, el ejecutivo soltó la bomba.

—La nueva directora se apellida Aranda. Su nombre es Gabriela Aranda.

Las pupilas de Daniel se contrajeron bruscamente y el rostro de Gabriela apareció de golpe en su mente.

—¿Gabriela? ¿Me estás diciendo que la directora es Gabriela Aranda?

—Así es —asintió el hombre de lentes—. Es la misma mujer que estaba esperando en el área de descanso el día que el instituto vino a inspeccionarnos. La que el director Jara y la señorita Sosa echaron de la empresa... esa Gabriela.

La voz del ejecutivo fue perdiendo fuerza. Se sentía destrozado.

Si ese día el director no la hubiera humillado de esa manera, tal vez la crisis de Heraldo ya estaría resuelta y no tendrían que estar matándose para competir en una licitación pública.

Daniel tragó saliva con fuerza. Sintió que todos los músculos de su cuerpo se paralizaban.

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