—No pasará —respondió Palmiro con indiferencia.
—¿Confías tanto en ella? Pero… si apenas se conocen desde hace unos días, ¿no? —preguntó Salvador, extrañado.
—Ella tiene a alguien que le gusta —dijo Palmiro.
—¿Ah? —Salvador se quedó perplejo. Tras procesar la frase, añadió con asombro—: O sea que… ¿ambos fueron infieles en el matrimonio? Esa pareja sí que se divertía.
Al oír esto, el rostro de Palmiro se ensombreció al instante. —Su esposo es impotente y tiene problemas de fertilidad. A ella la engañaron para que se casara.
En otras palabras, incluso si Vilma tenía a alguien en su corazón, era comprensible.
Salvador lo miró con una expresión extraña. —Algo no cuadra… la estás defendiendo.
—Es la verdad.
Al ver el descontento de su amigo, Salvador no se atrevió a seguir discutiendo y cambió de tema. —Bueno, está bien. Digamos que tiene a alguien que le gusta y no va a aferrarse a ti, pero eso también significa que… tu hijo pronto tendrá un nuevo papá.
¿Nuevo papá?
Ese término ensombreció aún más el rostro de Palmiro.
Miró fríamente a Salvador, quien, confundido, abrió los brazos y preguntó: —¿Qué, dije algo malo?
Palmiro no se molestó en responder. Tomó su raqueta y lo apuró con impaciencia. —Vamos, juguemos un par de sets más y me voy.
—No he descansado lo suficiente —protestó Salvador—. ¿Cuál es la prisa? ¿No dijiste que no tenías nada que hacer esta tarde?
—Ir al hospital, estar con mis padres y con mi hijo, ¿acaso eso no es hacer algo? —dijo Palmiro mientras caminaba hacia la cancha.
Salvador, con aire ofendido, replicó: —Palmiro, has cambiado. ¿Quién era el que llevaba años viviendo como un monje, célibe, e incluso pregonando que no se casaría ni tendría hijos? Y ahora, de repente, te conviertes en padre y solo piensas en pasar tiempo con tu hijo.
Palmiro no respondió. En su lugar, le lanzó un pelotazo tan potente que Salvador no pudo reaccionar a tiempo y recibió el impacto directamente en el abdomen.

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