Efectivamente, llevaba la sangre de la familia Carmona. Inteligente desde pequeño.
————
Vilma corrió tanto como pudo y, tras varias llamadas apremiantes de la policía, finalmente llegó a su casa.
Desde temprano, Uliana se había subido a la azotea del edificio y estaba sentada en el borde.
A su lado, tanto la policía como los bomberos llevaban un buen rato en un tenso punto muerto.
—¡Uliana, ya llegó tu hija! No hagas nada precipitado. Habla con ella con calma —dijo un oficial, acercando a Vilma y gritando hacia el borde de la azotea.
Vilma fijó la vista y sintió un pánico absoluto.
—¡Mamá, baja de ahí! ¡Es muy peligroso! ¡Si te caes, te vas a matar!
Vilma sabía cuál era el objetivo de su madre, pero no había necesidad de correr un riesgo tan grande. Una caída accidental desde esa altura significaría una muerte segura y horrible.
Al ver a su hija, Uliana se alteró aún más.
—¡Vilma, por fin llegaste! Hoy mismo me tienes que dar una respuesta. ¿Vas a salvar a tu hermano o no?
Sandro, que estaba junto a la policía, amenazó a su hija a continuación:
—¡Si hoy no das el dinero, tu madre se tira de la azotea y tú serás la culpable de su muerte! Con tanta gente mirando, serás una asesina. ¡A ver cómo vives con eso!
Al principio, la policía no entendía la situación. Pensaban que Uliana estaba deprimida y solo quería ver a su hija por última vez. Creyeron que al traer a Vilma para consolarla, podrían rescatarla.
¡Quién iba a imaginar que el verdadero propósito era este!
—¿Pero qué les pasa? ¿Usar su propia vida para presionar a su hija? ¿Obligarla a darles dinero para salvar a su hijo? —repuso un oficial, al comprender la situación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente