Después de todo, un asunto tan importante requería una prueba irrefutable para poder creerlo.
—El primer encuentro fue un accidente. Ese día, el niño se perdió y se topó conmigo. Ignacio dijo que se parecía a mí, pero en ese momento no le di importancia. Más tarde, fui al cuartel de bomberos a recoger las pertenencias de mi hermano y, sin querer, encontré un certificado de aptitud para la donación de esperma.
Al llegar a este punto, Palmiro sacó el certificado y se lo entregó.
Vilma lo tomó y lo examinó, frunciendo el ceño.
—Le pedí a un amigo que investigara. La muestra que proporcionó mi hermano fue utilizada hace cuatro años. Justo ese día, usted me contactó a través de Mauricio, buscando que la ayudara con su divorcio. Le oí decir que su hijo nació por fecundación in vitro con donante…
—¿Así que sospechó de mí en ese momento? —preguntó Vilma, sorprendida.
—No —negó Palmiro—. Soy abogado, nunca confío en suposiciones subjetivas. Solo creo en las pruebas.
>>Fue Ignacio quien, al ver a mi madre abrazando una foto de mi hermano y llorando todo el día, se ablandó y le dijo que en este mismo piso había un niño que se parecía mucho a él. Mi madre vino a ver al niño a escondidas y desde entonces se obsesionó un poco, pensando que era la reencarnación de mi hermano.
Palmiro relataba los acontecimientos recientes con calma.
Comprendía la conmoción y la duda de Vilma, y sabía que debía explicarle todo con claridad para ganarse su confianza y hacer posible que el niño se relacionara con la familia Carmona.
—Me enteré de esto hace apenas dos días. Al principio, yo tampoco lo creía, me parecía demasiada coincidencia. Pero mis padres insistían en que el niño era idéntico a mi hermano de pequeño, así que…
Se detuvo un momento, con una expresión un tanto avergonzada en su rostro apuesto.
Pero Vilma ya lo había entendido todo.
Continuó por él:
—Así que también vino a ver a mi hijo, y por eso nos encontramos de frente ese día.
—Sí —respondió Palmiro, su rostro mostrando una vergüenza aún mayor.
Era la incomodidad de ser descubierto en una mentira.
Y una experiencia tan humillante era la primera vez que le ocurría.
Vilma respiró hondo, con una mezcla de emociones indescriptible.

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