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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 52

Eran casi la una de la madrugada y todavía no había noticias del laboratorio.

Cerró su laptop, se levantó para ir a la habitación y en el camino, le marcó al doctor, pero no contestó.

Frunció su ceño oscuro, su rostro se tensó inconscientemente.

Sabía que no podía apresurar las cosas, pero sentía una inquietud constante. Por un lado, ansiaba el resultado; por el otro, le temía.

Temía que todo hubiera sido producto de su imaginación, que el niño no tuviera ninguna relación con Norberto.

Entró en su habitación, dispuesto a tomar una ducha. Justo cuando iba a dejar el teléfono, este sonó estrepitosamente.

Se sobresaltó. Fijó la vista en la pantalla y su mirada se agudizó al instante.

—Dígame, ¿ya están los resultados?

Al otro lado de la línea, el doctor a cargo del análisis titubeó.

—Señor Carmona, pues sí, ya están, pero…

Ese «pero…» hizo que el corazón de Palmiro, que había estado en vilo todo el día, se desplomara.

Parecía que, en efecto, se había hecho ideas.

—¿El niño no tiene parentesco con la familia Carmona? —preguntó, adelantándose.

—No, no es eso… —negó el doctor dudando.

El corazón de Palmiro volvió a dar un vuelco.

—¿Entonces el niño sí es mi sobrino?

—Tampoco… —El doctor tartamudeaba, mirando los resultados en su mano, sin poder entenderlos.

Ni una cosa ni la otra. Palmiro estalló.

—Entonces, ¿cuál es el maldito resultado? ¿Se te comió la lengua el gato o qué?

El grito lo hizo respingar. El doctor soltó de golpe:

—Señor Carmona, ¡el niño y usted no son tío y sobrino, son padre e hijo biológicos!

¿QUÉ? El rostro de Palmiro se congeló, como si se hubiera convertido en piedra.

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