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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 48

Vilma se quedó paralizada.

A su corta edad, la mente de su hijo era increíblemente delicada y sensible.

Aunque no era su culpa, la madurez precoz del niño le provocaba un profundo sentimiento de tristeza y culpa.

Después del almuerzo, Vilma miró la hora; debía prepararse para volver a la oficina.

Pero Facundo aún no había llegado, y no se sentía tranquila yéndose.

Mientras se preguntaba si los Zurita vendrían o no, escuchó voces en el pasillo.

Era la voz de su cuñada, Odilia.

—Vaya, Vilma sí que tiene dinero, hasta le paga una habitación privada al niño.

Al oír esa voz, Vilma se preparó mentalmente, como un soldado a punto de entrar en batalla.

La puerta de la habitación se abrió, y Facundo entró primero.

Detrás de él venían su padre, Jenaro, y su hermana, Odilia.

En cuanto Jenaro vio a su nieto en la cama, se acercó a toda prisa.

—Ay, mi nietecito adorado, ¿cómo es que te enfermaste tanto y no le dijiste nada al abuelo? Me acabo de enterar hoy.

Odilia, al ver que su sobrino ya tenía la cabeza rapada, también se sorprendió. —¿Tan grave está?

Vilma no le respondió.

De pie junto a la cama, percibió el fuerte olor a cigarro de su suegro y, por instinto, le advirtió: —Suegro, acaba de fumar. Sería mejor que no se acercara a Nereo. Sus defensas están bajas ahora, y el humo de segunda mano no le hace bien.

Jenaro, que estaba a punto de cargar a su nieto, se molestó al oírla.

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