Vilma asintió: —Sí.
—¡Jajajajaja, Vilma, tenías que ser tú! ¡Me muero de ganas de ver la cara de ese par de desgraciados cuando se den cuenta! —Karina, tras la euforia, frunció el ceño con preocupación—. Pero Facundo también es muy astuto. ¿Crees que aceptará un divorcio de mutuo acuerdo?
Vilma lo pensó un momento. —Seguramente sospechará que es una trampa, pero el problema es que, en su situación actual, si llegamos a un juicio de divorcio, las desventajas para él son mayores que las ventajas.
Karina escuchaba atentamente.
Vilma continuó: —El abogado me dijo que, aunque no pueda dejarlo en la calle, tengo derecho a una parte de las acciones de su empresa. Eso sería muy perjudicial para el futuro de su compañía, especialmente si planea hacerla pública.
Así que, sopesando sus opciones, Facundo seguramente se arriesgará, apostando a que ella tomará el millón y se divorciará sin más problemas.
Pero ella no iba a hacerlo.
Iba a fastidiarlos, a hacer que la odiaran con toda su alma sin poder hacer nada al respecto.
Karina, al entenderlo todo, aplaudió alegremente. —¡Claro! ¡Qué inteligente eres! Por un momento pensé que tus padres te habían presionado tanto que habías perdido la cabeza y te habías rendido ante ese par.
—Ni hablar. Aunque tenga que arrastrarlos conmigo, no dejaré que se salgan con la suya.
—Así se habla.
Al ver que la situación de su amiga estaba resuelta, Karina regresó tranquila a su departamento para seguir trabajando.
Cuando su amiga se fue, la sonrisa de Vilma se desvaneció y su ánimo decayó de inmediato.
No era por la traición de Facundo, ni por las provocaciones de Nélida. Era por sus padres.
La sola idea de que, para conseguir dinero de ella, a sus padres no les importara poner en riesgo la vida de Nereo, le dejaba el corazón helado.
De un esposo una puede divorciarse y no volver a verlo jamás. Pero, ¿qué hacer con los padres, con la familia? Esos lazos de sangre no se pueden cortar.

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