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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 368

Agradecida por el gesto de sus suegros, Vilma no tuvo más remedio que aceptar.

Poncio, que bebía su té, esperó a que su esposa y su nuera terminaran de hablar. Entonces, miró a su nieto, que jugaba a un lado, y carraspeó.

—Hay otro asunto. ¿No debería Nereo cambiar también la forma de dirigirse a nosotros?

Vilma se quedó perpleja por un momento, luego miró hacia donde estaba Palmiro y comprendió.

—Papá, ¿se refiere a… que Nereo llame a Palmiro de otra manera?

—Así es. De todos modos, ya son una familia. Lo que diga no es tan importante, pero si lo llama «papá», de cara al exterior parecerán más una familia de tres. Y para Nereo, se sentirá más como un hogar completo.

En cuanto el señor terminó de hablar, Nereo, que estaba concentrado construyendo con bloques, giró la cabeza y preguntó:

—¿Palmiro ya puede ser mi papá?

El pequeño llevaba tiempo pensando en eso.

Desde que conoció a Palmiro, había deseado que ese «tío guapo» se convirtiera en su padre.

El rostro de Vilma se iluminó de emoción, pero también sintió una punzada de inquietud.

Si Nereo empezaba a llamarlo «papá», sin duda sería algo bueno para el niño.

Pero no sabía qué pensaba Palmiro al respecto…

Todas las miradas se posaron en Palmiro, esperando su respuesta.

Sin embargo, él tosió levemente y, a juzgar por su expresión, parecía un poco reacio.

—¿Y esa reacción? —dijo Poncio, con el ceño fruncido—. ¿No quieres que Nereo te llame papá?

Nereo se giró de inmediato y preguntó:

—Palmiro, ¿por qué no quieres ser mi papá? ¿No dijiste antes que solo necesitabas que le gustaras a mamá? ¡Y ahora le gustas a mamá! Los vi dándose un besito en la mañana. Darse besitos significa que se gu…

—¡Nereo! —exclamó Vilma, sobresaltada y con las mejillas ardiendo, interrumpiéndolo de inmediato.

¡Dios mío…!

Esa mañana, cuando se despertó, Palmiro había vuelto a su cama en algún momento.

Sus miradas se encontraron y, sin saber quién dio el primer paso, se dieron un beso de buenos días.

Justo en ese instante, Nereo se despertó llamando a su mamá.

Se separaron al instante, pensando que Nereo no los había visto. ¡No imaginaban que el pequeño tuviera una vista tan aguda y que hubiera guardado silencio todo este tiempo!

El ambiente se volvió repentinamente incómodo. Incluso Manuela se sonrojó, y Poncio se apresuró a tomar su taza de té, fingiendo estar muy ocupado.

Vilma observó la reacción de sus suegros y luego miró de reojo a Palmiro, que permanecía impasible. Un recuerdo de la noche anterior en el baño le vino a la mente.

Menos mal que Nereo no se había despertado entonces. Si los hubiera visto, habría sido…

Definitivamente, no podían volver a hacer esas cosas delante del niño, ni siquiera cuando estuviera dormido.

Nereo, sin entender del todo, miró confundido a los adultos y continuó:

—Darse besitos significa que se quieren. Mamá me quiere y por eso siempre me da besitos.

Vilma, roja como un tomate, no sabía dónde meterse.

Manuela también estaba avergonzada, pero al ver a Vilma con ganas de que se la tragara la tierra, intervino para aligerar la situación:

—Nereo tiene razón, darse besos es señal de cariño. No tienen por qué ocultarlo. Si quieren tener un bebé pronto, es lógico que tengan que apurarse.

—Mamá… —murmuró Vilma, muriendo de vergüenza.

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