—¡Un diamante tan grande debe costar más de un millón! ¡El abogado Carmona es demasiado, demasiado generoso contigo!
—Es sintético, no es caro —dijo Vilma—. Palmiro dice que los puede comprar por kilo al por mayor.
—Imposible. Dile que me compre un kilo a mí, a ver si es cierto —dijo Karina, sin creerle una palabra.
Vilma sonrió, sin darle más explicaciones. Simplemente anunció:
—Mañana nos casamos por el civil. ¿Tienes tiempo mañana por la noche? Cenaremos juntos para celebrarlo.
—¡Mi mejor amiga se casa con un millonario! ¡Claro que tengo tiempo! —exclamó Karina, emocionada.
—Perfecto, mañana te envío la dirección.
La llamada aún no había terminado cuando Palmiro salió del baño con Nereo en brazos.
Desde que Palmiro estaba presente, el pequeño ya no llamaba a su madre para muchas cosas; por costumbre, buscaba a Palmiro.
—Deberías irte a casa a dormir esta noche —le dijo Vilma a Palmiro, dejando el teléfono—. Ya no tiene fiebre, yo puedo quedarme con él.
Pero antes de que el hombre pudiera responder, Nereo se adelantó:
—Que mamá se vaya a casa. Que Palmiro se quede a cuidarme.
—Palmiro tiene cosas que hacer mañana, necesita descansar bien por la noche —explicó Vilma.
—¿No vamos a casarnos por el civil mañana por la mañana? ¿Para qué tanto ir y venir? Durmamos todos aquí esta noche. Mis padres vendrán temprano por la mañana, así nosotros podemos ir a casa a ducharnos y cambiarnos de ropa antes de ir al registro.
Un día tan importante requería cuidar la apariencia, y Palmiro ya lo tenía todo planeado.
Vilma, pensando en algo, apretó los labios con una sonrisa ambigua y se sonrojó inexplicablemente.
—Está bien, como tú digas. —Lanzó una mirada al hombre, mostrándose aún más cohibida.
Palmiro estaba con el niño, pero sus ojos también se desviaron hacia ella.
Como si hubiera entendido el rubor tímido de su rostro, la mirada del hombre se oscureció al instante y su nuez de Adán se movió arriba y abajo.
***
Al día siguiente, Poncio y Manuela llegaron al hospital muy temprano, tal como habían dicho.
Vilma pidió un permiso de dos horas y se fue con Palmiro a casa para cambiarse de ropa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente