Lo que ella no sabía era que, justo después de que se fuera, Quico regresó al departamento.
Al ver el escritorio de Vilma vacío, preguntó a la persona de al lado:
—¿Y Vilma?
Gema se levantó y dijo:
—Vilma acaba de irse. Recibió una llamada; su hijo tiene fiebre alta y lo hospitalizaron, así que pidió permiso para salir antes.
Quico frunció el ceño al escucharlo.
«¿Qué coincidencia?», pensó. Justo cuando él subía a buscarla, ella se marchaba.
Gema notó su expresión y preguntó:
—Gerente Quico, ¿tenía algún trabajo para Vilma? Puedo hacerlo yo si quiere.
—No, gracias. Sigue con lo tuyo —dijo Quico, dándose la vuelta y sacando su teléfono para hacer una llamada.
***
Cuando Vilma llegó al hospital, Nereo ya había sido ingresado.
Don Poncio estaba hablando con el Dr. Uriel sobre el estado del niño. Vilma se acercó a ellos.
—Le hemos administrado un antifebril, así que la fiebre debería empezar a bajar poco a poco. En cuanto a la causa, tendremos que esperar los resultados de las pruebas. Ya que está aquí, lo mejor es que se quede hospitalizado. De todos modos, ya le tocaba la segunda fase de quimioterapia, así que habría tenido que volver en un par de días.
El Dr. Uriel, acostumbrado a tratar todo tipo de enfermedades complejas y casos graves, no mostró ninguna alarma ante la situación de Nereo y les explicó todo con calma y método.
—De acuerdo, haremos lo que usted diga, doctor —dijo Vilma, confiando plenamente en el médico.
El equipo que Palmiro había conseguido estaba formado por doctores con una vasta experiencia.
Como familiar, era crucial cooperar incondicionalmente con el tratamiento.
Después de hablar con el Dr. Uriel, Don Poncio le hizo un gesto.
—Ve a la habitación. Nereo no se siente bien y está pidiendo a su mamá.
—Claro, voy para allá. Usted vaya con calma.

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