—Sí —confirmó Manuela—. La sucursal de otra ciudad tiene su fiesta anual, y como jefe, tenía que ir. Regresa mañana.
Vilma se sorprendió.
Ese tipo tenía que irse de viaje y no le había dicho ni una palabra. Anoche hablaron por videollamada, y hoy también se habían comunicado, pero no había soltado ni media palabra al respecto.
¡Ja!
De repente lo entendió. ¡La estaba imitando a propósito!
Vilma quiso preguntarle a dónde había ido, pero le daba vergüenza, así que cambió de tema y se dedicó a hablar con su hijo.
Ahora que Palmiro no estaba en casa, lo que más le preocupaba era que los abuelos tuvieran dificultades para cuidar al niño por la noche. Sin embargo, Manuela la tranquilizó varias veces, diciéndole que había mucha gente en casa y que encontrarían la manera de arreglárselas, que no se preocupara.
Después de la videollamada, Vilma le dio vueltas al asunto y finalmente le envió un mensaje a Palmiro.
[Así que te fuiste de viaje.]
Quería escribirlo como una pregunta, pero le pareció falso, ya que lo sabía con certeza.
En ese momento, Palmiro estaba en un club de Ciudad Orilla, asistiendo a la fiesta anual de la sucursal.
La sucursal de Ciudad Orilla era la más grande después de la sede principal en Celestia, con casi trescientos empleados.
La presencia de Palmiro, como uno de los socios, era un reconocimiento al buen desempeño de la sucursal.
Entre brindis y conversaciones, no tuvo ni un momento para mirar su celular.
Vilma esperó hasta que terminó de prepararse para dormir, pero no hubo respuesta.
Eran casi las once de la noche. ¿En qué podía estar tan ocupado durante un viaje de negocios?
Primero sintió curiosidad, pero luego no pudo evitar que su mente comenzara a divagar.
¿Y si le había pasado algo?
Una vez que esa idea surgió, no pudo quitársela de la cabeza.
Vilma esperó pacientemente otros diez minutos. Al ver que él seguía sin responder, apretó los dientes y lo llamó por teléfono.
Justo en ese momento, Palmiro salía del club.
Un grupo de personas lo acompañó hasta su coche, llenándolo de halagos y despedidas. La llamada sonó justo a tiempo, dándole la excusa perfecta para marcharse.
—Tengo una llamada. Me despido aquí. Les deseo a todos un feliz año nuevo por adelantado —dijo Palmiro. Después de despedirse de los altos directivos, subió al coche, seguido por Iker.
Al ver el nombre que parpadeaba en la pantalla, Palmiro no se apresuró a contestar.

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