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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 273

—Sí —dijo Palmiro, tomando el celular. Acarició la cabecita de Nereo y le indicó que siguiera comiendo.

Asintió a modo de saludo a sus padres y se dio la vuelta para salir con el celular en la mano.

—¿Se le ofrece algo más, señorita Aguayo? —continuó, con un tono sarcástico.

Pero a Vilma no le importó, y mucho menos se molestó. En cambio, dijo con amabilidad:

—Anoche dormiste con Nereo, seguro que no descansaste bien. Lloró en medio de la noche, ¿por qué no me llamaste o hiciste una videollamada?

Palmiro caminaba hacia el exterior, sin levantar el celular a propósito, por lo que en la pantalla solo se veía de nuevo su marcada y atractiva mandíbula.

—Eran las tres de la madrugada. ¿Qué habría cambiado si te hubiera llamado? ¿Acaso podías volar de regreso, o yo podía volar hasta allá con el niño?

Solo habría servido para despertar a una persona más y preocuparla innecesariamente.

Aunque Palmiro no lo dijo explícitamente, Vilma lo entendió.

—La verdad es que yo también estaba preocupada por ustedes anoche. Me desperté varias veces en la madrugada y quise llamarte, pero temía que estuvieran dormidos y despertarte —explicó Vilma con voz suave.

Al oír esto, el rostro de Palmiro se suavizó un poco, perdiendo parte de su frialdad.

—Quisiste llamar, pero no lo hiciste. Eso significa que no tenías tantas ganas —replicó él, con un tono indiferente, como un niño celoso y resentido.

Vilma no quiso discutir sobre eso. Comprendía sus buenas intenciones, así que mantuvo su actitud amable.

—Seguro será muy agotador cuidar de Nereo estos días. Cuando regrese, te lo compensaré como es debido.

—Siempre andas diciendo que me vas a agradecer, pero nunca veo que pases a la acción.

—Esta vez es diferente. Te traeré un regalo cuando vuelva, ¿te parece? ¿Hay algo que quieras? —A Vilma solo se le ocurrió ofrecerle un regalo, aunque sabía que a un hombre como él seguramente no le faltaba nada.

Tal como esperaba, Palmiro respondió:

—¿Así que regalas cosas sin pensar ni esforzarte, y encima le preguntas directamente a la persona qué quiere?

Vilma también sintió que no era lo adecuado.

—Está bien, entonces lo pensaré yo misma.

Palmiro, al ver su actitud sorprendentemente buena y cómo respondía con amabilidad a pesar de su sarcasmo, sintió que ya no podía seguir siendo tan mezquino.

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