Las interacciones entre hombres y mujeres pueden ser complicadas, y si él ya tenía esposa y familia, había que ser aún más cuidadosa.
De vuelta en la habitación del hotel, como la compartía con Gema, no se sintió cómoda contactando a Palmiro de nuevo.
La primera noche lejos de su hijo, en una ciudad extraña, durmió muy mal.
Se despertó varias veces, preocupada por Nereo.
Dos veces durante la noche tomó su teléfono, tentada de enviarle un mensaje a Palmiro para preguntar cómo estaba el niño, si se había despertado buscando a su mamá. Pero, tras pensarlo mejor, se contuvo.
Ya era suficiente molestia pedirle que cuidara de su hijo; no podía, además, despertarlo en medio de la noche.
Pasó la noche en un estado de duermevela. A la mañana siguiente, después de asearse, miró la hora. Calculando que Palmiro aún no se habría ido a trabajar, decidió llamarlo.
Palmiro contestó rápidamente, pero con un tono deliberadamente sarcástico.
—¿A qué debo el honor, señorita Aguayo?
—… —Vilma no pudo evitar una mueca al escucharlo. Respondió con la mayor amabilidad posible—. Buenos días. ¿Ya vas de camino al trabajo?
—Si necesitas algo, dilo.
—Eh, si todavía estás en casa, me gustaría hacer una videollamada para ver a Nereo.
—¿Ahora te acuerdas de que tienes un hijo? —su tono era especialmente cortante.
—… —Vilma se quedó sin palabras. A pesar de los miles de kilómetros de distancia, sentía cómo el peso de su presencia la aplastaba.
Antes de que pudiera responder, la llamada se cortó.
Justo cuando Vilma pensaba que él ya se había ido a trabajar y no pensaba hacerle caso, el timbre de una videollamada sonó.
¡Se sorprendió, feliz!
Así que todavía estaba en casa.
En realidad, Palmiro ya estaba a punto de salir. Al día siguiente tenía un viaje de negocios y hoy necesitaba dejar todo el trabajo del bufete organizado. Estaba muy ocupado.
Pero como Vilma había llamado, preocupada por su hijo, decidió dar media vuelta y dirigirse al comedor, donde Nereo estaba desayunando.

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