—Esos son sus problemas, no tienen nada que ver contigo.
—Lo sé, pero quiero esperar a ver cuándo llega la ambulancia.
Palmiro no se opuso, solo preguntó:
—¿Terminaron de comer?
—A medias.
—Dile a Iker que los lleve a lo de Patricio. Yo voy para allá ahora mismo.
Vilma se sorprendió.
—¿Ya terminaste con tus asuntos?
—Sí —dijo Palmiro—. Iba a volver al bufete, pero con la situación que me cuentas, no me quedo tranquilo. Vamos a comer juntos, yo también tengo hambre.
Aunque había enviado gente para proteger a Vilma y a su hijo, Palmiro necesitaba verlos con sus propios ojos.
—Está bien.
La llamada aún no había terminado cuando Iker le hizo una seña a Vilma para que mirara hacia afuera.
Vilma se giró y vio una ambulancia que llegaba a toda velocidad con la sirena encendida.
Los paramédicos saltaron del vehículo y corrieron hacia el restaurante.
Poco después, salieron con Jenaro en una camilla.
Facundo y Odilia los seguían, subiendo también a la ambulancia a toda prisa.
Nélida salió al final, llevando a su hija de la mano. Se quedó en la entrada del restaurante, mirando cómo la ambulancia se alejaba, con una expresión de desconcierto y confusión.
Vilma apartó la vista.
—Vámonos, a lo de Patricio.
—Entendido.
————
Cuando Vilma llegó con Nereo a casa de Patricio, el pequeño ya estaba medio dormido por el cansancio.
Palmiro la vio entrar con el niño en brazos, recostado sobre su hombro con los ojos a punto de cerrarse, y se apresuró a tomarlo.
—Comió un poco antes, déjalo dormir —dijo Vilma en voz baja, mirando a Palmiro.
—Claro. Le pediré a Patricio una manta y que duerma aquí.

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