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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 22

No se puede confiar en todo el mundo.

Al sentarse, Vilma sintió el calor residual de él en la silla, tan intenso que parecía que la quemaba, haciéndola sentir incómoda.

Pero el código basura que parpadeaba en la pantalla indicaba un problema serio, así que no tuvo tiempo para distracciones y sus manos comenzaron a volar sobre el teclado.

—Es un tipo de ransomware. Ha estado atacando muchos edificios de oficinas últimamente. Si no se maneja correctamente, todos los archivos de la computadora se pierden para siempre. Pero para mí no es un problema.

Vilma explicó con calma, sus manos moviéndose a toda velocidad, su expresión serena y tranquila.

Palmiro la observaba, notando la facilidad con que se manejaba, como si estuviera tocando el piano con elegancia.

Su tono de voz era firme, sus ojos brillaban, y sus pupilas reflejaban el código que se acumulaba rápidamente en la pantalla, como si estuviera actualizando su propio cerebro.

Fue hasta ese momento que realmente se fijó en sus rasgos.

Cejas bien definidas, ojos grandes y expresivos como estrellas, una nariz recta y labios carnosos y rojizos. Una estructura ósea elegante y distinguida.

En particular, un pequeño y casi imperceptible lunar a mitad del puente de la nariz era como el toque final de un maestro pintor, añadiendo un aire de vivacidad a su rostro.

Sin duda, era una mujer muy hermosa e intelectual. Y además, inteligente y talentosa.

En los casos de divorcio que solía llevar, la mayoría de las esposas llegaban con el rostro lleno de tristeza, amargura o, peor aún, en un estado de histeria.

Aunque muchas eran atractivas, era evidente que solo les quedaba una hermosa fachada; por dentro, estaban vacías, frágiles y rotas.

Pero esta mujer era completamente diferente a su estereotipo.

No pudo evitar preguntarse: ¿cómo es posible que un hombre no supiera valorar a una esposa tan competente, bella y serena ante la adversidad?

—Abogado Carmona, el virus ha sido eliminado. Ahora intentaré recuperar los archivos perdidos, tardaré unos diez minutos —dijo Vilma tras un intenso trabajo, soltando un suspiro de alivio. Sus dedos se detuvieron un instante antes de volver a la carga.

Palmiro frunció ligeramente el ceño y salió de su ensimismamiento.

—No hay prisa, tómate tu tiempo.

Vilma no respondió, completamente concentrada en la pantalla.

En menos de diez minutos, levantó la vista, visiblemente más relajada. —Recuperé todos los archivos. Revise si falta algo, por favor.

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