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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 200

Pensó en preguntarle a Palmiro más tarde.

Cuando salió del baño, esperaba que Palmiro ya se hubiera ido. Para su sorpresa, él todavía la estaba esperando.

Sus miradas se cruzaron. Palmiro se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta, y Vilma lo siguió en silencio.

Al ver su espalda, alta pero algo rígida, volvió a pensar en lo de anoche.

Anoche, con la buena intención de ayudarlo, su espalda le falló y acabó tirándolo al suelo. No sabía si había empeorado su lesión.

Y ese beso...

El recuerdo de esa escena le trajo de vuelta el sueño de la noche anterior.

En su mente, no dejaba de repetirse que debía dejar de fantasear con cosas imposibles.

Después de lo mal que la había tratado Facundo, ya era hora de que aprendiera la lección. De ahora en adelante, se dedicaría a Nereo y a vivir una buena vida, sin volver a casarse.

Los sentimientos se desvanecen y la gente cambia.

Con las heridas aún abiertas, no se atrevía a volver a apostar por el amor.

Así que, aunque Palmiro era un buen hombre y le gustaba, no podía permitirse volver a lanzarse de cabeza.

Manuela era muy observadora. Aunque Vilma se había lavado la cara y parecía más tranquila, notó que había estado llorando.

—¿Qué te pasa, Vilma? Tienes los ojos rojos —preguntó Manuela con preocupación, mirando a su hijo con una expresión un poco más seria—. Fuiste a buscarla para desayunar y tardaron mucho. ¿Discutieron?

Palmiro se quedó sin palabras. —¿Tan problemático parezco?

Vilma se apresuró a explicar: —Madrina, no tiene nada que ver con Palmiro, es un problema familiar.

—¿Tu familia? —Manuela se preocupó aún más—. ¿Tus padres te volvieron a pedir dinero?

—No —Vilma negó con la cabeza. Pensando en la sinceridad con que los ancianos la trataban, decidió no ocultárselo—. Es que me acabo de enterar de que mi mamá no es mi madre biológica, y estoy un poco impactada.

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