—Entonces, ¿por qué a mí me sigues llamando abogado Palmiro?
Vilma levantó la vista.
—¿Qué quieres decir? ¿Quieres que te llame «hermano» o qué?
El rostro de Palmiro se ensombreció.
—No.
Vilma, con su espíritu rebelde, al ver su reacción, le dijo en tono de burla:
—¿Hermanito mayor, hermano, hermanito?
—¡Vilma, cállate!
—Tú deberías llamarme hermanita.
—¡Vilma!
—Hermanita.
—Lárgate.
Ambos empezaron a discutir como niños, provocando que Iker, que estaba de pie a un lado, no pudiera contener la risa.
————
La persona más feliz al saber que su tío favorito también sería hospitalizado no era otro que Nereo.
En realidad, Manuela ya estaba casi recuperada y podría haber vuelto a casa. Pero la pareja de ancianos quería quedarse con su nieto y se negaban a irse, tratando el hospital como si fuera su hogar.
Cuando Palmiro también fue ingresado, los abuelos y Nereo fueron a visitarlo. La escena parecía más una reunión familiar en Navidad que una visita a un enfermo.
Sin embargo, Manuela todavía estaba un poco preocupada y murmuró:
—Desde que pasó lo de Norberto, nuestra familia ha tenido una racha de mala suerte. ¿Será que deberíamos ir a rezar a algún lado?
Palmiro, recostado en la cama, estaba ayudando a Nereo a armar un modelo de avión de combate. Al oírla, dijo sin rodeos:
—Tenemos a la mala suerte metida en casa, no sirve de nada rezarle a ningún santo.
Doña Manuela se quedó perpleja.
—¿Qué quieres decir?

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