—¡Ay!
Sin poder reaccionar, Vilma apartó a la niña por instinto, en un arrebato de dolor.
La hija de Nélida, de apenas tres años, cayó de sentón al suelo y rompió a llorar.
—¡Vilma! ¡Qué cruel eres! ¡Hasta con una niña de tres años te metes! —Nélida se acercó de inmediato, levantó a su hija y empezó a gritarle.
El movimiento de la niña había sido tan repentino que nadie vio lo que pasó en realidad.
Todos solo vieron a Vilma empujando a la pequeña.
Ante los gritos de Nélida, los de la mudanza miraron instintivamente a Vilma con desprecio en sus ojos.
Vilma frunció el ceño, se examinó la mano derecha y preguntó sin prisa:
—¿Tu hija es un perro o qué? Se me lanzó a morderme.
—¡Estás mintiendo! Mi hija es muy obediente, nunca haría algo así —replicó Nélida, negándose a aceptar la realidad.
Vilma levantó la mano.
—Aunque no me lastimó, todavía tiene su saliva aquí. ¿Quieres que le hagamos una prueba de ADN?
Nélida estaba en cuclillas, abrazando a su hija que no paraba de llorar.
Al oír eso, su actitud desafiante se desvaneció.
Pero, desde un ángulo donde nadie podía verla, pellizcó a su hija de nuevo.
La niña, evidentemente «entrenada» por su madre, se lanzó de nuevo sobre Vilma y le abrazó la pierna.
—¡Señora mala, eres una bruja! ¡Te robaste la casa de Facundo y ahora mi mamá y yo no tenemos dónde vivir! ¡Lárgate, lárgate!
La pequeña, abrazada a la pierna de Vilma, lloraba y pataleaba mientras intentaba empujarla hacia afuera.
Vilma no podía creer que Nélida estuviera usando a su propia hija como escudo para proteger los bienes de Facundo.
Vilma no se atrevía a agacharse y su cuerpo no le respondía. Además, no podía ser cruel con una niña de tres años, así que no tuvo más remedio que retroceder un par de pasos.
En la puerta, los Zurita, padre e hija, también estaban armando un escándalo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, esposo impotente