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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 154

Cogió el teléfono y vio el nombre: Quico.

Vilma se sintió culpable por haber pedido tantos días libres durante su periodo de prácticas, sobre todo por la amabilidad que su supervisor le había mostrado. No podía no contestar.

—Hola, Quico.

—Vilma, ¿cómo estás de tu lesión? ¿Estás hospitalizada o recuperándote en casa? —preguntó Quico cortésmente.

—Estoy en el Hospital Provincial de Maternidad e Infancia. Mi hijo está ingresado aquí, y como yo también necesito reposo, me quedé para que fuera más fácil cuidarlo.

—¿Y quién te cuida a ti? ¿Tus padres?

Vilma, pensando que era mejor no airear los trapos sucios de su familia, respondió con un vago asentimiento.

—Mañana por la mañana pasaré a verte al hospital.

Quico, anticipando que Vilma se negaría, se apresuró a explicar: —No es una visita personal, es la política del departamento. Cuando un colega está enfermo y hospitalizado, la dirección siempre hace una visita para mostrar su apoyo.

—Ah, ya veo… —Vilma, con expresión de apuro, todavía quería negarse.

Pero temía que una negativa demasiado rotunda hiciera pensar que estaba mintiendo sobre su lesión para conseguir días libres.

—No te preocupes, serán solo diez minutos. No interrumpiremos mucho tu descanso ni el del niño.

—De acuerdo, está bien. Gracias, Quico.

—De nada. Que descanses.

Tras colgar, Vilma se quedó pensativa.

El otro día, después de que le dijera a Quico directamente lo que sentía, esperaba que se enfadara, o que incluso, humillado, le hiciera la vida imposible en el trabajo.

Sin embargo, no solo no le guardó rencor, sino que se preocupó por ella incluso más que antes.

Dado que era un hombre íntegro, un profesional excelente y su superior, no era conveniente seguir marcando distancias de forma tan tajante.

En esta vida, siempre es mejor tener un amigo más que un enemigo.

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