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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 146

Vilma no supo qué decir por un momento. Tras una pausa, le preguntó:

—¿Y cuándo piensas decirles la verdad?

—¿Qué verdad?

—Que Nereo es el hijo de tu hermano…

Palmiro frunció el ceño y desvió la mirada. —Ya veremos.

Vilma lo observó, con el ceño fruncido, estudiando su perfil severo.

Quizás era su imaginación, pero tenía la sensación de que a Palmiro no le importaba tanto el hecho de que Nereo fuera su sobrino biológico.

Y sin embargo, trataba a Nereo excepcionalmente bien, hasta el punto de que ella misma se había beneficiado gracias a su hijo.

Aunque Palmiro no la miraba, sabía que ella lo estaba escudriñando, así que cambió de tema: —¿No tienes cámaras de seguridad en tu sala? Recorta la grabación de lo que pasó y envíamela.

Vilma volvió en sí, comprendiendo lo que él quería.

Si iban a meter a Sandro y a su hijo en la cárcel, necesitaban pruebas.

Ahora que su peritaje forense indicaba lesiones de primer grado, ya no se trataba de una simple disputa familiar que pudiera resolverse con una mediación, sino que había pasado a ser un caso penal.

Pero cuando Vilma sacó su teléfono, su expresión se tornó incómoda.

—Mi teléfono se rompió, la pantalla no se ve…

Palmiro miró su teléfono y, sin pensarlo dos veces, le dio una orden a su asistente: —Iker, busca una tienda de teléfonos más adelante y compra uno nuevo.

—Entendido, jefe.

Iker, mientras conducía, buscó una tienda con la mirada y pronto encontró una de una marca conocida.

Iker estacionó el coche. Vilma no se molestó en hacer el paripé de decir que bajaría ella a comprarlo. Al fin y al cabo, apenas podía caminar y no quería ser una molestia.

Iker entró en la tienda, eligió el último modelo en un color morado que le gustaría a una chica, pagó y salió.

—Jefe, el teléfono nuevo. —Iker subió al coche y le pasó el teléfono al asiento trasero.

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