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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 144

—¡Señorita Aguayo! —exclamó Iker, que estaba junto al coche, sin tiempo para reaccionar.

Palmiro, por instinto, extendió la mano, pero solo logró sujetarle el brazo sin poder amortiguar la caída.

Al otro lado de la línea, Quico escuchó el ruido y preguntó preocupado: —¿Vilma, qué te pasó? ¿Estás muy grave? ¿En qué hospital estás?

Vilma, con el rostro pálido, se llevó una mano a la espalda baja, incapaz de articular palabra por un momento.

—Gerente Quico, lo siento… Me tomaré la semana libre. Sé que no debería pedir permisos tan seguido durante el periodo de prueba, pero si esto afecta mi evaluación, asumiré las consecuencias.

Dicho esto, Vilma colgó sin esperar respuesta.

Aunque valoraba su trabajo y esa misma mañana había rechazado la sugerencia de Palmiro de “no trabajar”, en ese momento no tenía otra opción.

Su salud era lo más importante.

Todavía tenía que cuidar de Nereo, no podía permitirse tener problemas físicos.

El rostro de Palmiro se tensó al ver su expresión de dolor. Sin dudarlo, se inclinó hacia ella.

Vilma no entendía qué pasaba. Solo vio su atractivo rostro acercándose de repente y se quedó perpleja. —Palmiro… ¿qué…?

—Levanta los brazos y ponlos sobre mis hombros —le indicó Palmiro con calma, sin mirarla directamente.

Vilma, todavía adolorida, comprendió de repente. —¿Vas a… cargarme?

—¿Y si no, qué? ¿Vas a arrastrarte para subir al coche? —Palmiro se giró para mirarla, con una expresión indescriptiblemente agria en su hermoso rostro.

Vilma apretó los labios y, tras un momento de vacilación, levantó los brazos y los pasó por su cuello.

Palmiro le pasó un brazo por la espalda y el otro por debajo de las rodillas, levantándola con firmeza.

La cargó en brazos, al estilo princesa.

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