Ireneo lo tomó, lo revisó y comentó con admiración:
—Realmente es un modelo a seguir —luego se lo pasó a Facundo—. Señor Zurita, firme.
Facundo tomó el documento para revisarlo.
Ireneo volvió a preguntarle a Palmiro:
—Ya que han llegado a un consenso, ¿sigue siendo necesario ir a juicio? Podrían hacer un divorcio de mutuo acuerdo.
—No, el juicio sigue en pie —decidió Palmiro sin dudar.
Si optaban por el divorcio de mutuo acuerdo, el acuerdo anterior ya no sería válido porque los términos habían cambiado.
Tendrían que presentar una nueva solicitud de divorcio.
Y eso significaría esperar otros 30 días, un período de reflexión obligatorio.
Cualquier día extra podría traer complicaciones; esperar 30 días era tentar demasiado a la suerte.
—El juicio es el viernes. Ahora que el acuerdo está cerrado, la audiencia será una simple formalidad y la sentencia se dictará rápidamente.
Además, en casos de divorcio donde hay violencia doméstica por parte del hombre, la ley permite que el divorcio se conceda en la primera audiencia.
Esto significaba que el viernes, Vilma podría finalmente liberarse, recuperar su soltería y, de paso, convertirse en una joven y hermosa millonaria.
Ireneo asintió.
—Entiendo. Tienes razón, entonces esperaremos a la sentencia del juicio. Sin embargo, Palmiro, viendo la difícil situación de mi cliente, ¿podrías ser un poco más flexible con el plazo para la división de los activos de la empresa?
Palmiro no respondió directamente. En su lugar, se giró hacia Vilma y le preguntó en voz baja:
—Respecto a los cincuenta millones de la división de la empresa, ¿en cuántos años quieres que te los pague?
Vilma, considerando la situación actual de la compañía, supuso que Facundo realmente no podría reunir tanto dinero de golpe. Tampoco tenía sentido presionarlo hasta el extremo, pues un perro acorralado podría hacer cualquier locura.
Así que, después de pensarlo un momento, dijo:
—Cinco años. Diez millones al año, creo que podrá permitírselo.

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