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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 116

Iker, un poco avergonzado, prefirió no repetirlo. Una vez entregado el encargo, se dio la vuelta y se fue.

Vilma, cayendo en cuenta tardíamente, recordó algo y levantó la vista de inmediato. Pero Iker ya había doblado la esquina.

Pero... ¡No le había dicho cuánto era la renta!

Nereo, abrazado a su cuello, preguntó con su vocecita infantil:

—Mamá, ¿nos vamos a mudar?

—Sí —respondió Vilma, cargando al niño mientras se dirigía a la estación de enfermeras—. Nos vamos a mudar a la casa del tío.

—¡Qué bien! ¡Podremos vivir con el tío! —exclamó Nereo de repente, su carita iluminada de emoción.

Vilma miró a su hijo y lo corrigió con una sonrisa:

—No, mi amor. Vamos a vivir en una casa vacía del tío, no con él.

—¿Y por qué no vivimos con él? Al tío le caigo muy bien. Seguro que estaría muy feliz si pudiera verme todos los días.

Las palabras de su hijo la hicieron reír a carcajadas.

—Vaya, qué niño tan presumido.

Justo cuando llegaba con su hijo a la estación de enfermeras, antes de poder encontrar a la enfermera con la que había hablado por la mañana, apareció el mayordomo de la familia Carmona.

—Señorita Aguayo, vengo a llevar al niño a desayunar. La señora Manuela dice que, si tiene tiempo, la invita a desayunar con ellos.

Antes de que Vilma pudiera responder, Nereo comenzó a mover las piernas en sus brazos.

—¡Mamá, quiero ir a desayunar con los abuelos! ¡No quiero una cuidadora, quiero estar con mis abuelos...!

Justo cuando Nereo terminaba de hablar, sonó el teléfono del mayordomo.

Tras contestar, miró a Vilma y dijo:

—Señorita Aguayo, la señora Manuela dice que deje al niño con ellos, que no hay prisa por encontrar una cuidadora.

Vilma se quedó atónita. Comprendió al instante que Iker debía haberles contado la situación.

Bajó la mirada hacia su hijo y juntó su frente con la del pequeño.

—Se te cumplió el deseo, mi amor.

Las heridas de su rostro aún eran muy visibles, y no quería que Manuela la viera así, por lo que le entregó a Nereo directamente al mayordomo.

El pequeño se despidió de ella con un alegre movimiento de mano y un “adiós, mamá”, y se fue con el mayordomo sin mirar atrás.

Al ver esto, Vilma sintió una pequeña punzada de tristeza. Aunque le había dicho a Karina con mucha madurez que, por el futuro de su hijo, no impediría que Nereo se relacionara con la familia Carmona, e incluso aceptaría que en el futuro se uniera a ellos, ver con qué facilidad el niño la dejaba de lado le dolía un poco. Después de todo, era su pequeño tesoro, por el que tanto había sufrido y luchado, su bebé al que había cuidado con esmero durante casi tres años.

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