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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 112

En medio del caos, las puertas del ascensor se abrieron y una voz grave y autoritaria resonó en el aire.

—¡Si continúan con este escándalo, pueden ir a hacerle compañía a Facundo!

Todos se sobresaltaron y voltearon a ver.

Palmiro, vestido con una larga gabardina negra, avanzaba con paso firme y una expresión severa. Su sola presencia imponía una atmósfera de autoridad.

Odilia se giró y, al verlo, primero se quedó atónita, impresionada por su atractivo físico. Luego, como si recordara algo, le espetó a Vilma:

—Este debe ser el amante con el que me engañaste, ¿verdad?

—¡Odilia, cuida tu lenguaje! O te morderás la lengua —la advirtió Vilma con seriedad, su rostro ensombreciéndose de repente.

Los curiosos cuchicheaban entre ellos:

—Parece que él es el padre del niño... ¡Dicen que es alguien importante!

—¡No manches! ¡Si fuera yo, también lo elegiría a él! ¡Qué alto, guapo y con qué presencia! —comentó una de las esposas más jóvenes, ya completamente de su lado.

Palmiro se acercó rápidamente y, bajo la mirada evidentemente intimidada de Odilia, apartó a Vilma y la colocó detrás de él, protegiéndola.

—Soy el abogado de la señorita Aguayo. Yo fui quien hizo que detuvieran a tu hermano. Cualquier problema que tengan, trátenlo conmigo.

La declaración de Palmiro silenció a todos los presentes.

Odilia tragó saliva. Antes de que pudiera decir algo, Palmiro añadió:

—Me reservo el derecho de proceder legalmente por su calumnia de hace un momento. A partir de ahora, le pido que mida sus palabras, o de verdad terminará haciéndole compañía a su hermano.

Al oír esto, el rostro de Odilia palideció y buscó con la mirada a Jenaro, que estaba cerca.

—¡Papá! ¡Di algo ya! ¿No decías que tenías un modo de sacar a mi hermano?

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