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Adiós, esposo impotente romance Capítulo 108

Esa "casa" ya no era un lugar al que quisiera volver.

Y mucho menos quería volver a pisar esa habitación sucia.

Solo de pensar en esa pareja de desgraciados teniendo relaciones en su cama, le daban ganas de prenderle fuego a toda la casa.

Pero una cosa era pensarlo y otra hacerlo. Seguía siendo racional. La propiedad era cara. La mejor solución era venderla, pagar la hipoteca restante y quedarse con el resto del dinero.

Ya encontraría el momento para hablar de ese plan con Palmiro.

Al volver a la habitación del hospital, tanto Jacinta como Nereo se sorprendieron al ver las heridas en su rostro.

Vilma explicó que se había caído sin querer. Nereo, siendo un niño, le creyó.

Pero Jacinta, obviamente, no. Se acercó y le preguntó en voz baja: —Señorita Aguayo, ¿esto parece un golpe, no?

Vilma forzó una sonrisa amarga y admitió: —Fue Facundo, violencia doméstica.

—¿Qué? —exclamó Jacinta, con los ojos como platos—. Pero... ¿cómo pudo hacer eso? Es terrible. ¿Por qué fue?

Vilma no tenía ganas de dar explicaciones. —Es una larga historia, pero ya recibió su castigo —respondió evasivamente.

Como ya era tarde, Vilma le recordó amablemente: —Jacinta, ya puedes irte. Mañana ven temprano, por favor, que tengo que ir a trabajar.

—Claro que sí.

Jacinta se despidió de Nereo con una sonrisa y se fue con su bolso.

Al salir de la habitación, se encontró con una colega cuidadora que había conocido esos días.

—¿Ya terminaste tu turno? —la saludó la otra mujer.

Jacinta se le acercó con aire de conspiración y, tomándola del brazo, le susurró: —A la señora que cuido... la golpearon. Tiene la cara destrozada.

La cuidadora se asombró. —¿En serio? Qué terrible. ¿Quién fue?

—¿Pues quién más? ¡El padre del niño! Seguro descubrió que ella lo engaña con ese abogado. Ningún hombre soporta que le pongan los cuernos. Lo raro sería que no la hubiera golpeado.

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