—¡Compórtese, investigaremos todo a fondo! —le espetó un oficial.
Luego, se giró para ver la maleta que su compañero había abierto. Dentro, además de ropa, había dos relojes y algunos documentos.
Facundo giró la cabeza y, al ver a Vilma acercarse, le gritó: —¡Vilma, apúrate, explícales a los oficiales que no soy ningún ladrón!
Vilma lo miró de reojo y luego se dirigió a la policía: —Oficial, él es mi esposo, y esa mujer es su amante. Mi hijo está gravemente enfermo, y mientras yo estaba en el hospital cuidándolo, ellos vinieron a escondidas a llevarse cosas de la casa. ¿Acaso eso no es robo? Después de todo, estas son propiedades conyugales.
—¡Vilma, estás confundiendo las cosas! ¡Vine a recoger mis pertenencias y mi amiga solo estaba ayudando! ¡No me difames! —argumentó Facundo, confiado en que la "evidencia" había sido borrada y que no había pruebas en su contra.
Vilma lo ignoró, sacó su celular, buscó la conversación con Palmiro y reprodujo el video que le había enviado.
—Oficiales, por favor, vean esto.
Los agentes miraron el teléfono, y sus expresiones se volvieron indescriptibles.
Facundo y Nélida, todavía sometidos en el suelo, no podían ver el contenido, pero sí escuchaban el audio: era claramente el sonido de ellos dos en la habitación momentos antes.
Nélida, roja de vergüenza y furia, le gritó a Facundo: —¿No se supone que lo habías borrado todo?
—Yo... sí lo borré —respondió Facundo, completamente desconcertado.
Vilma explicó a la policía: —Envié la evidencia a mi abogado en cuanto la obtuve. Él vendrá en un momento a encargarse de esto.
Facundo comprendió de golpe y perdió los estribos. —¡Vilma, eres una traidora!

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