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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 779

Aprovechando la situación, Valeria se enredó en su brazo y habló con voz coqueta:

—Diego, ¿por qué no unimos a nuestras familias en matrimonio?

Las pupilas de Diego se dilataron por la sorpresa. —¿Qué acabas de decir?

Valeria fingió timidez e intentó continuar, pero el semblante de Diego se congeló. Con un movimiento brusco, se soltó de su agarre y la empujó a un lado sin contemplaciones.

—Me acabo de divorciar y no tengo en mente volver a casarme a corto plazo.

La voz de Diego se tornó de acero y su rostro se volvió inexpresivo. —Si esa era tu verdadera intención, lo siento mucho, pero por el momento no estoy interesado en ese tipo de compromisos.

Valeria estaba convencida de que esa noche iba a ser suya.

Para nada esperaba un rechazo tan contundente.

Una sombra de decepción cruzó por sus ojos, pero eso solo sirvió para avivar su terquedad y su espíritu competitivo.

No había un solo hombre en el mundo que se le resistiera a Valeria.

Y estaba dispuesta a demostrar que Diego no iba a ser la excepción.

Con ese pensamiento en mente, esbozó una sonrisa forzada y su tono se volvió aún más empalagoso:

—Ay, Diego, mírate nada más...

—Solo te estaba dando una idea, no te estoy obligando a nada, ¿por qué te pones así?

—Está bien, está bien, si no te interesa, no se hable más. Digamos que lo hago de buena fe.

—Mañana a las dos de la tarde, tu cliente estrella estará en la casa de subastas de Aquilinia. Se apellida Benítez, ¿verdad? Lo vi anotado en la lista de invitados.

Valeria dejó de darle vueltas al asunto.

Sacó su teléfono y le mostró una invitación digital donde, en la lista de invitados, se leía claramente: Adrián Benítez.

La mirada de Diego se ensombreció; tomó el teléfono y lo leyó con detenimiento:

—¿Estás segura de que ese es el verdadero nombre del señor Benítez?

En el interior de Diego, la tensión comenzó a ceder.

Según la información que había logrado recopilar, el hermano de Amaya se llamaba Sebastián Benítez.

Se estaba burlando de él por haber aceptado la inversión de AM Capital a ciegas, sin investigar a fondo sus antecedentes.

Lo que ella no sabía era que, en aquel entonces, él no tenía otra opción.

No le quedó de otra más que jugársela.

A Diego le repugnaba esa actitud de sabelotodo que tenía Valeria.

Sin embargo, no podía negar que la mujer sabía moverse; no tenía un pelo de tonta y su coeficiente intelectual superaba por mucho al de Vera y sus hermanas.

Diego se tragó el orgullo y respondió a la defensiva:

—Si me atreví a hacer negocios con AM Capital, obviamente fue porque evalué los riesgos.

Cambiando de tema, añadió: —¿Eso quiere decir que también conseguiste pases para la subasta de mañana?

Valeria arqueó una ceja, en un claro intento de alardear sobre su posición:

—Claro que sí, me mandaron la invitación directamente. Si te interesa ir, te puedo llevar conmigo.

—En la subasta de mañana van a presentar un diamante morado rarísimo. Como el morado es mi color de la suerte, planeo comprarlo para ponerlo en la corona que usaré el día de mi boda.

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