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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 768

Diego dudaba si debía dar un paso al frente y usar el prestigio que aún conservaba en la industria arquitectónica internacional para pedir clemencia por Amaya.

Pero, para su sorpresa, Romeo se le adelantó. Se levantó de su asiento, caminó con decisión hacia el escenario y tomó el micrófono de las manos del presentador.

—Señoras y señores, soy Romeo Ortega.

No agregó ningún título rimbombante ni enumeró sus premios. Esa sola y breve introducción fue suficiente para desatar una ola de murmullos en el auditorio.

Romeo había vivido muchos años en Aquilinia, y gran parte de los edificios más emblemáticos del país habían salido de sus bocetos.

Sin embargo, siempre había mantenido un perfil bajo y misterioso. Casi nunca aparecía ante las cámaras, no asistía a ceremonias de premios y rara vez socializaba con sus colegas... Era una auténtica leyenda viviente en la arquitectura.

Y esa era la primera vez que se dejaba ver públicamente en un escenario de talla mundial.

En cuestión de segundos, todas las miradas se clavaron en él, llenas de curiosidad por lo que estaba a punto de decir.

Romeo tomó una bocanada de aire y habló con voz grave y autoritaria:

—Estoy aquí para defender el honor de mi amiga, Amaya Ibarra. Es cierto que estos dos diseños son idénticos, pero el usuario 'Aura' es, de hecho, la propia Amaya. Eso significa que esos viejos bocetos fueron publicados por ella misma en aquel foro.

El salón entero soltó un grito de asombro.

Dionisio, que hace unos instantes señalaba a Amaya con aires de justiciero, se quedó pasmado. Miró a Romeo con incredulidad:

—¡Señor Ortega, para afirmar algo así necesita pruebas! Dígame, ¿las tiene?

Amaya cruzó miradas con Romeo y, con total elegancia, tomó otro micrófono que le ofreció el personal.

—Romeo tiene toda la razón. Aura es mi seudónimo —afirmó ella.

Sin dejar que nadie asimilara la noticia, continuó con voz firme y contundente:

—Es cierto que estos diseños son bocetos que dibujé hace años. Los subí a ese foro con la esperanza de que arquitectos de mayor nivel me dieran críticas constructivas. Para mi sorpresa, la publicación pasó sin pena ni gloria, y con el tiempo, hasta yo misma olvidé que los había publicado.

—El diseño con el que gané este premio es el resultado de años de experiencia acumulada, y lo hice modificando y perfeccionando mi propio trabajo original. No hay plagio alguno; ambos diseños me pertenecen. A continuación, presentaré las pruebas...

Romeo tomó el micrófono nuevamente, en perfecta sintonía con ella:

—Por mi parte, sugiero que se revoque el premio de plata de Dionisio. Si cualquiera puede lanzar acusaciones de plagio sin fundamentos y salir impune, entonces, ¿qué valor tiene otorgar estos prestigiosos galardones?

Tras la intervención de Romeo, Dionisio abrió los ojos, aterrorizado, y bajó la cabeza como si el peso de su propia humillación lo aplastara.

El silencio gobernó el salón por unos segundos.

De repente, alguien en el público se puso de pie, y una tormenta de aplausos estalló en todo el lugar.

La sonrisa en el rostro de Vera se congeló por completo. Clavó las uñas en sus propias palmas con tanta fuerza que casi se corta la piel, pero estaba tan en shock que ni siquiera sintió dolor.

Miró fijamente a Amaya, que brillaba con una luz imparable en el centro del escenario, y sintió como si alguien le hubiera propinado una bofetada que le dejaba la cara ardiendo.

Junto a ella, Diego parecía haber sido alcanzado por un rayo.

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