Sebastián miró a Amaya, con una expresión un tanto sombría.
—Recuerdo que cuando éramos niños, nuestro tío Bernardo y Javier se parecían mucho...
Debido a las experiencias del pasado, Sebastián ahora solo podía referirse a ese hombre por su nombre completo, era incapaz de llamarlo «papá».
Se detuvo antes de terminar la frase, pero Amaya captó al instante el mensaje oculto en sus palabras.
—¿Quieres decir que el hombre de ahora podría no ser realmente él?
—¿El verdadero murió hace cinco años...?
Sebastián negó con la cabeza.
—No estoy muy seguro, después de todo, no estuve ahí. Además, ese hombre murió quemado, su rostro quedó irreconocible y no se podía confirmar si era él o no, solo podemos guiarnos por la conclusión de la policía.
Al escuchar esto, Amaya bajó la cabeza, quedándose en silencio sin saber qué decir.
Para ser honesta, en el fondo de su corazón le era imposible aceptar a ese supuesto «padre» que tenía frente a ella. También deseaba que su verdadero padre fuera otra persona, y no este individuo despreciable y de tan baja moral.
Sin embargo, considerando las acciones de su padre en el pasado, incluso si no era este hombre, su carácter no sería mucho mejor.
De todos modos, ella era incapaz de perdonar, sin importar si él seguía vivo o no.
—Sebas, no importa si lo es o no.
—Por suerte sobrevivimos, y no nos dejó caer en un abismo sin fondo por su culpa; eso ya es una bendición enorme.
—No tendré piedad con este hombre, incluso si resultara ser nuestro padre biológico, me aseguraré de que pague el precio que corresponde. No permitiré que nos vuelva a lastimar.
Mientras decía esto, Amaya miró inconscientemente las perneras del pantalón de Sebastián.
Al pensar que un hombre tan brillante y excepcional como su hermano tenía que soportar semejante sufrimiento sin razón alguna, las lágrimas llenaron de inmediato los ojos de Amaya.
Sebastián, por su parte, ya estaba acostumbrado a esto. Le dio unas suaves palmadas en el hombro, con una mirada llena de ternura.

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