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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 1034

Durante todos estos años, Diego había cargado sobre sus hombros con la responsabilidad del Grupo Muñoz. Mientras aguantaba los caprichos de su familia de puertas para adentro, por fuera luchaba a capa y espada por mantener la empresa a flote. ¿Y qué recibía a cambio? Ni un gramo de empatía, solo exigencias desmedidas y un desgaste interminable.

Rubén levantó la mirada con dificultad, observando al hombre de semblante frío y calculador que tenía enfrente.

Aquel joven sumiso, que siempre acataba las órdenes de sus mayores y se sacrificaba por el bien del apellido, había desaparecido por completo.

El Diego de ahora era implacable, decidido y calculador. Sin que nadie se diera cuenta, había tomado las riendas del poder en la familia Muñoz.

—Soy tu padre. ¿De verdad vas a acorralarme de esta manera? —preguntó Rubén con la voz rasposa, incapaz de disimular su derrota—. ¿Qué pasa si me niego a firmar, Diego?

Diego lo miró fijamente. En sus ojos no había ni enojo ni tristeza, solo el peso de un cansancio infinito.

—Si te niegas, tomaremos otro camino.

—A partir de hoy, renuncio a mi puesto como director general. Venderé todas mis acciones y me desvincularé por completo de la empresa. A partir de ahora, tú te encargas, o buscas a alguien más que lo haga. A mí ya no me importa.

—Ya lo decidí: o te haces cargo tú y yo me voy, o me quedo yo y tú te haces a un lado por completo.

—Si me entregas todas las acciones, te seguiré pagando los dividendos que te corresponden.

—Pero si no aceptas, te quedas con todo el riesgo y yo me retiro para siempre.

Las palabras de Diego cayeron como un balde de agua fría, apagando el último brillo en los ojos de Rubén.

Parecía que Diego le estaba dando a elegir, pero en realidad, la decisión ya estaba tomada.

Hacía años que Diego manejaba los hilos del Grupo Muñoz, mientras Rubén se limitaba a disfrutar de su posición.

Para ser honestos, Rubén ya no tenía idea de cómo funcionaba la empresa desde adentro.

Si Diego renunciaba en ese instante, Rubén se quedaría completamente a ciegas.

Estaba entre la espada y la pared.

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