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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 92

C93- UN FUTURO SIN IAN.

Ian se puso de pie agachado, sus dedos, aún calientes del gatillo, se cerraron alrededor del brazo de Savanna y la arrastró hacia la puerta trasera de la SUV mientras las balas silbaban sobre sus cabezas.

—Ian... —susurró ella, sintiendo cómo el mundo comenzaba a desmoronarse.

Él no respondió. Abrió la puerta de un tirón y la empujó adentro con una fuerza desesperada, casi violenta.

—Te vas. Ahora.

—¿Qué? —Savanna intentó salir, sus manos buscando el marco de la puerta—. ¡No! ¡Ian, no!

Pero él la empujó de vuelta, su palma grande contra su hombro, devolviéndola al asiento. Sus ojos—esos ojos azules que la habían mirado con amor, con deseo, con promesas—ahora ardían con una determinación feroz. Y algo más. Algo que la destrozó: resignación.

—Braxton, llévala —ordenó.

—Ian... —Braxton vaciló, sus nudillos blancos sobre el volante—. Hermano, no puedo...

—¡AHORA! —El rugido de Ian cortó el aire a pesar de las balas—. ¡ES UNA ORDEN, MALDITA SEA!

Braxton cerró los ojos por un segundo, su rostro contorsionándose en agonía, luego encendió el auto y el motor rugió como una bestia despertando. No obstante, Savanna se lanzó hacia la puerta, sus dedos arañando el plástico, buscando la manija con desesperación.

—¡NO! ¡IAN, ESPERA! ¡POR FAVOR!

Pero Ian cerró la puerta de golpe.

—¡NO! —gritó ella, golpeando el vidrio con ambas manos, con los puños, con toda su alma—. ¡IAN! ¡ABRE LA PUERTA BRAXTON! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA!

Ian se quedó ahí, de pie frente a la ventana, sus ojos se encontraron. Y Savanna vio todo: el amor que la había sostenido, el dolor que lo estaba quebrando, la despedida que él ya había aceptado.

Los ojos de Ian estaban rojos.

—Te amo, Savanna.

Savanna leyó sus labios, todo dentro de ella se quebró, se hizo pedazos, se desintegró en mil fragmentos afilados que la cortaron por dentro.

—No... —susurró—. No, Ian, por favor... no me dejes... no me dejes...

Él dio un paso atrás. Y la SUV arrancó.

—¡NO ME HAGAS ESTO! —gritó, golpeando el vidrio con más fuerza, con desesperación, viéndolo alejarse—. ¡POR FAVOR! ¡POR FAVOR, IAN! ¡TE LO SUPLICO!

Pero Ian ya se estaba girando, levantando su arma, volviendo a la batalla.

—¡Braxton! —Savanna se giró hacia él con ojos suplicantes—. No puedes hacer esto. Es tu amigo. Es mi esposo. ¡NO PUEDES! ¡POR FAVOR, BRAXTON!

Él la miró por el espejo retrovisor. Sus ojos también estaban rojos, vidriosos, llenos de un dolor que no tenía palabras.

—Lo siento —susurró, quebrándose también—. Lo siento tanto... perdóname... perdóname...

La SUV se deslizó con violencia, las llantas chirriando, por un camino secundario, alejándose del caos, alejándose de Ian, alejándose de todo lo que importaba.

—¡NO! ¡BRAXTON, DETENTE! —Savanna se lanzó hacia adelante, golpeándolo—. ¡DETENTE! ¡DETENTE AHORA! ¡TE LO ORDENO!

Pero Braxton no se detuvo. Conducía rápido, esquivando árboles, las ramas arañando los costados del vehículo como dedos tratando de detenerlos.

Savanna se giró y miró por la ventana trasera.

Y ya no lo vio.

—¡NO! ¡ES MI ESPOSO! —gritó, rompiéndose en sollozos desgarradores—. ¡IAN ES MI ESPOSO! ¡NO PUEDEN DEJARLO! ¡BRAXTON, POR FAVOR! ¡POR FAVOR!

Se lanzó hacia adelante y golpeó a Braxton en el hombro, luego en la cabeza, en la espalda, con toda la fuerza que tenía, con toda su desesperación.

—¡REGRESA! —chilló—. ¡TE ORDENO QUE REGRESES! ¡AHORA! ¡MALDITA SEA, BRAXTON, REGRESA! ¡REGRESA POR ÉL!

«Eres hermosa.»

«Vi estas y pensé en ti.»

La primera vez que hicieron el amor. Sus manos en su piel. Su voz en su oído. Su cuerpo moviéndose con el de ella. La forma en que la miró después, como si fuera algo sagrado.

«Eres mía. Y yo soy tuyo.»

Cada recuerdo era un cuchillo, cada imagen era una herida, cada momento era una pérdida.

—No... —gimió, doblándose sobre sí misma—. No, no, no...

Entonces dejó escapar un grito que no era humano. Era el sonido de un alma rompiéndose, de un corazón arrancado, de un amor destruido. Era el sonido de una mujer perdiendo a su esposo, a su amor, a su todo.

—¡POR FAVOR! ¡VUELVE! ¡VUELVE POR ÉL!

Se lanzó contra la ventana golpeándola, arañándola, como si pudiera romper el vidrio y saltar del vehículo en movimiento y correr de regreso a él.

—¡NO PUEDES DEJARME! —sollozó—. ¡NO PUEDES! ¡TE NECESITO! ¡NUESTRA HIJA TE NECESITA! ¡IAN, POR FAVOR! ¡POR FAVOR, NO ME DEJES!

Pero el bosque seguía pasando y la distancia seguía creciendo.

Savanna se dejó caer en el asiento, temblando, sus manos se aferraron a su vientre, donde su hija crecía.

—No... no... no...

El silencio en la SUV se volvió ensordecedor. Solo se escuchaban los sollozos rotos de Savanna y el sonido áspero de la respiración de Braxton mientras conducía hacia un futuro que ninguno de los dos quería enfrentar.

Un futuro vacío.

Un futuro sin Ian.

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