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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 9

C9- ¿QUÉ HACES DESPIERTA?

El trayecto de regreso al ático fue silencioso. Savanna miraba por la ventana, viendo pasar las luces sin realmente verlas, la razón es que su mente era un torbellino. Se había casado con un extraño. Un hombre del que no sabía nada. Un hombre que había estado a punto de estrangular a su tío sin pestañear.

Y lo peor era que no se arrepentía.

Mientras tanto, Ian conducía con una mano relajada sobre el volante, como si no acabara de causar un terremoto empresarial. Como si casarse con ella fuera lo más normal del mundo.

Savanna lo miró de reojo, pudo sentirlo. Aunque él tenía la vista fija en la carretera. Para Savanna, solo mirarlo hacía que su estómago diera vueltas, por eso apartó la mirada rápidamente y las palabras de Jodie resonaron en su cabeza.

«No sabemos nada de este tipo. No sabes si es peligroso»

¿Qué encontraría su amiga? ¿Quién era realmente Ian Smith?

Pues bien, estaba a solo horas de descubrirlo.

El auto se detuvo frente al edificio, subieron en silencio al ático y el sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos marcó el inicio de su nueva realidad.

Savanna entró primero, encendiendo las luces. El lujo del lugar se desplegó ante ellos: pisos de mármol italiano, ventanales del suelo al techo, muebles de diseñador. Pero Ian parecía demasiado grande para el espacio, demasiado acostumbrado. Más bien su presencia llenó cada rincón, haciéndolo salvaje y contenido al mismo tiempo.

Ella se giró, cruzándose de brazos en un gesto defensivo.

—Necesitamos establecer reglas —dijo firme—. Tendremos habitaciones separadas. No entrar sin llamar. Y...

Se detuvo, sintiendo cómo el calor subía por su cuello.

—Nada de contacto físico innecesario. Es decir... sexo.

Ian la observó con una intensidad que la hizo retroceder un paso. Entonces soltó una risa corta y ronca que vibró en el pecho de Savanna.

—Entendido, jefa —dijo, avanzando hacia ella como si supiera que su cercanía la ponía nerviosa—. ¿Alguna regla sobre cómo debo mirarte, o eso también está prohibido en el contrato?

Tragó y bajó la mirada incapaz de sostener la de él.

—No juegues conmigo, Ian. Esto es un negocio.

—Necesito agua. O algo más fuerte —murmuró.

Salió de su habitación descalza, caminando por el pasillo oscuro hacia la cocina. Pero entonces vio la luz de la nevera encendida, proyectando un resplandor azulado en el espacio.

Y allí estaba Ian… con el torso desnudo.

Savanna se quedó paralizada en la entrada, fue inevitable que sus ojos lo recorrieran. Él usaba solo unos pantalones de algodón gris que colgaban peligrosamente bajos en sus caderas, de hecho la luz de la nevera iluminaba cada músculo, todo su perfil, cada línea definida de su abdomen cuando se giró.

Sus ojos siguieron recorriendo el cuerpo de Ian sin permiso.

Detalló sus hombros anchos, el pecho marcado, pero sobre todo la "V" que desaparecía bajo la cintura de sus pantalones y con el suave vello oscuro que bajaba desde su ombligo hasta...

—¿Qué haces despierta?

La voz de Ian la sacó de su trance, él cerró la nevera, dejando el vaso de agua sobre la encimera y dio un paso hacia ella.

—Esposa —agregó.

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