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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 75

C76-NO QUIERO TUS DISCULPAS.

Savanna se apartó de Ian lentamente y se giró hacia ella.

—Explícalo entonces. Explícame por qué mi mejor amiga me traicionó.

Jodie estaba en un bucle de desesperación, la decepción, la vergüenza y el dolor la ahogaban como una ola.

Porque la verdad era peor de lo que Savanna imaginaba.

Ella no sabía.

No sabía que Elias le estaba contando todo a Arthur. No sabía que cada palabra que ella le confiaba a Elias terminaba en los oídos del hombre que quería destruir a Savanna.

De haberlo sabido, jamás le hubiera dicho nada. Jamás.

Pero se había enamorado y ese amor la había cegado.

—Sav… —abrió la boca, pero las palabras no salieron. Así que solo podía mirarla, con las lágrimas cayendo por sus mejillas como ríos interminables. —Yo... yo no quería... —tartamudeó—. Elias me... él me...

—¿Te obligó? —interrumpió Savanna, con una sonrisa amarga—. ¿Te amenazó? ¿Te chantajeó?

Jodie negó con la cabeza, sollozando.

—No... yo... pero… yo lo amo, Sav. Y él me dijo que tú solo eras una amiga. Que no significabas nada para él. Yo... yo le creí. Y sin darme cuenta... me sacó la información. Pensé que... que...

No pudo terminar.

Se tapó la cara con las manos y sus hombros se estremecieron violentamente mientras lloraba.

Pero Savanna no se conmovió.

En cambio la miró fríamente, y en ese momento se dio cuenta de algo que le dolió aún más que la traición misma.

Su amiga era más tonta de lo que pensó. Pero eso no cambiaba nada. Más bien, lo empeoraba.

—¿Me traicionaste por un hombre? ¿Por Elias Deveraux?

Jodie asintió despacio, con la cara cubierta de lágrimas.

—Lo siento... lo siento tanto...

Hizo una pausa, buscando el valor para derrumbarse allí mismo.

—Y si vuelves a cruzarte en el camino, no seré yo quien te detenga. Serán las consecuencias que tú misma activaste. Lárgate, Jodie.

Ella asintió con un movimiento mínimo y Savanna salió con Ian siguiéndola.

Tras cerrarse la puerta, Jodie se deslizó por la pared hasta tocar el suelo. Se abrazó las rodillas y lloró en silencio, ahogada en el peso de su propia elección.

El mundo se le caía a pedazos, y no había nadie a quién llamar.

O eso creyó.

Porque Braxton entró, había escuchado cada palabra. No sintió rabia, al menos no hacia ella, se sentó en el suelo, a su lado, y la envolvió en un abrazo.

—Respira —dijo—. Ahora duele lo sé, pero dale tiempo. Dale tiempo para pensar y perdonar.

Jodie no respondió.

Solo se dejó abrazar por él, sin sentirse completamente sola.

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