C70- OTRO HIJO.
Ian y Braxton reaccionaron al mismo tiempo.
El disparo aún retumbaba en las paredes del almacén cuando Braxton corrió agachado hacia la ventana rota, con arma en mano. Mientras que Ian se cubrió detrás de una columna de metal oxidado y sacó su pistola con un movimiento fluido, el dedo listo en el gatillo.
Sin embargo, solo hubo silencio.
Braxton asomó la cabeza con cuidado, escaneando la oscuridad exterior.
Nada.
Ni sombra, ni movimiento.
Solo el viento frío moviendo la maleza, regresó rápido, respirando agitado.
—Se fue. El hijo de puta ya no está —dijo, guardando el arma—. Pero dejó esto.
Le entregó a Ian un broche de plata con forma de rosa.
Antiguo, elegante y de repente familiar.
Ian lo miró por más de un segundo, mientras su corazón latía a toda velocidad.
—¿Qué pasa? ¿Lo reconoces? —inquirió Braxton.
Ian tardó en responder, pero negó, sin embargo apretó el broche en su puño.
—Vamos a averiguar qué m****a significa esto —murmuró Ian, guardándoselo en el bolsillo.
Luego se giró hacia el cadáver de Damon, todavía esposado a la silla. Braxton se pasó una mano por el cabello.
—Tenemos que llamar al equipo para que se deshagan del cuerpo antes de que amanezca.
Ian asintió sin apartar la vista del muerto.
—¿Y qué va a pasar con el hijo de Damon? —continuó Braxton.
—Ordena a Valeria que lo libere en un motel de mala muerte. Dale quinientos dólares, un boleto de avión a un país sin extradición y una advertencia clara: "Tu apellido ya no existe. Si intentas volver o abrir la boca, la próxima bala no será para tu padre… será para ti. Y no fallará".
Apartó varios libros antiguos de un estante y dejó al descubierto la caja fuerte empotrada. Una Browning ProSteel de alta seguridad, con sistema de clave única.
Su padre la había comprado hace años, cuando la empresa estaba en crisis. Era un modelo especial: una vez que se configuraba la clave, no se podía cambiar.
Era de un solo uso.
Elias miró hacia la puerta, asegurándose de que nadie venía. Luego respiró profundo y marcó la clave que Vittorio le había dado en Sicilia: 7-4-1-9-6-3.
Un pitido suave sonó y la puerta se abrió.
—Bien… —murmuró con una sonrisa triunfante.
Empezó a revisar los documentos con rapidez, hasta encontrar lo que buscaba. Pero al sacar una carpeta gruesa, un papel viejo y amarillento se deslizó y cayó al suelo. Lo recogió, pero tan pronto sus ojos recorrieron las líneas, el mundo se detuvo. Se quedó sin palabras con la hoja temblando en sus manos.
—¿Pero… qué… qué es esto? —susurró.
Su madre había tenido otro hijo.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!