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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 57

C58: DOS CHICAS SOLTERAS.

—¿No ves cómo te mira? ¿Cómo te coquetea en las narices…? Si la respuesta es no, estás más ciego de lo que pensaba.

Ian bajó la mirada, avergonzado.

Por supuesto que lo veía. Siempre lo había visto. Pero prefería hacerse el tonto. Le debía demasiado al abuelo de Valeria.

Braxton no suavizó el golpe.

—Sé directo con ella y no pierdas más tiempo. Valeria tampoco merece seguir aferrada a algo que nunca va a pasar.

Ian apretó la mandíbula y asintió en silencio.

(…)

En su departamento, Jodie estaba frente al espejo, pasando el cepillo por su cabello con una sonrisa suave. Había creído cada palabra que Elias le había dicho y llegó a la conclusión de que solo había exagerado.

Él no quería nada con Savanna, no cuando la besaba y le hacía el amor de esa forma tan intensa.

Su teléfono vibró sobre la cómoda, lo miró y resultó ser Savanna. Por primera vez dudó en contestar, aun así, tomó la llamada.

—Savanna…

Al otro lado, su amiga estaba de pie junto al ventanal, con un vaso de whisky en la mano, la ciudad se veía afuera y su esposo todavía no llegaba. Cada minuto que pasaba la rompía un poco más y también la alejaba de él.

—Jodie… necesito a mi amiga.

Del otro lado, Jodie frunció el ceño.

—¿Estás bien?

—¿Quieres salir?

—Ajá —dijo Savanna, soltando el vaso y caminando a la habitación—. Vamos a salir a divertirnos, como lo que somos: dos chicas solteras.

Después de la conversación con Braxton, Ian supo que no podía seguir postergándolo. Subió al auto y, en lugar de tomar el camino al ático, manejó directo al departamento donde Valeria se estaba quedando. Cada semáforo en rojo le apretaba más el pecho. Tenía que cortar eso de raíz, antes de que todo se descontrolara.

Llegó al edificio, estacionó y subió en el ascensor sin pensarlo dos veces.

Un momento después la puerta se abrió.

Valeria apareció envuelta en un baby doll rojo transparente que apenas le cubría los muslos. Al verlo, una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.

—Ian… tú… ¿qué haces aquí?

Ian se quedó clavado en el umbral, con la mirada fija en ella. El aire entre los dos se volvió denso, cargado. Valeria se apoyó en el marco de la puerta, dejando que la tela resbalara un poco más por su hombro, y lo miró con esos ojos que siempre prometían demasiado.

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