C32: CONFÍO EN MI ESPOSO.
—Tu "esposo" te miente. No existe ningún Ian Smith en el ejército de Estados Unidos.
El aire se detuvo en los pulmones de Savanna. Sus dedos se cerraron sobre la correa de su bolso, pero sus pupilas no se dilataron.
¿Cómo había conseguido esa información en menos de veinticuatro horas?
La lógica médica se impuso al pánico y decidió que en ese momento el control de daños era prioridad.
Así que forjó una sonrisa gélida.
—¿Lo investigaste? —preguntó ella.
Él no apartó la vista, confirmando el hecho con su silencio. Savanna soltó el bolso sobre el sofá de la oficina con un golpe seco y se cruzó de brazos, acortando la distancia.
—No puedo creerlo. ¿Cómo te atreves a husmear en mi vida privada? ¿Por qué investigas a mi marido?
—Lo hice porque ese hombre no es quien dice ser... —replicó Elias—. Sav, entiende… ¡te miente!
Ella negó.
—Si no encontraste nada, es porque usó su nombre de guerra. Además, en los SEAL los registros son confidenciales para protegerlos. Mi marido es un hombre de honor, Elias y no te permito que vengas aquí a hablar mal de él.
Elias se quedó de piedra por la vehemencia de Savanna al defender a un desconocido, aun así, dio un paso hacia ella.
—Savanna, ese hombre esconde secretos. Y yo… solo quiero protegerte.
El pulso de Savanna flaqueó.
Cada fibra de su ser sabía que Elias tenía razón; Ian era un enigma lleno de sombras y secretos que ella aún no descifraba. Pero la lealtad que sentía por él era inexplicable, era una coraza infranqueable y no cambiaría de opinión.
Por eso, exhaló el aire lentamente y se acercó, depositando un beso suave en la mejilla de su amigo.
—Te quiero, Elias, como a un hermano —susurró—. Pero no te metas en mi matrimonio. Sé lo que hago y sobre todo… confío en mi esposo.
Elias retrocedió como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
—Solo no quiero que te lastime —soltó él, la voz cargada de una frustración que le tensaba los tendones del cuello.
—Ian no lo hará —respondió ella con una seguridad que hizo que Elias apretara los dientes—. Él me ama y yo lo amo a él.
Ese "yo lo amo a él" golpeó a Elias en el pecho, como una puñalada que llega hasta el propio corazón. Aun así, se aclaró la garganta, desviando la mirada hacia la ventana.
—¿Almorzar?
—Sí, como compensación por esto.
Jodie no sabía si estaba en un sueño. El hombre que siempre le había gustado, la estaba invitando a salir.
—Yo... sí, claro —respondió ella, forzando una voz normal mientras sus mejillas ardían.
Una hora después, en un restaurante francés, Elias le rodeó la mano con la suya sobre la mesa, rozando su piel con una delicadeza calculada.
—Eres increíblemente eficiente, Jodie. Savanna tiene mucha suerte de tenerte —dijo él, clavando sus ojos en los de ella con una admiración fingida que la dejó sin aliento.
La chica bajó la mirada, soltando una risita nerviosa.
—No es para tanto...
—Sí lo es —insistió Elias, apretando su mano mientras su mente ya trazaba el mapa para extraer cada secreto de Savanna—. Y me encantaría conocerte mucho mejor.
Mientras tanto, en un callejón Ian se subió a la SUV negra que lo esperaba con el motor en marcha. Braxton estaba al volante, con el rostro iluminado por el resplandor de tres tabletas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!