C22: DE UNA FORMA QUE EL NO PENSABA TOLERAR.
La orquesta tocaba una pieza suave que se perdía entre el tintineo de las copas de cristal y el murmullo de la élite neoyorquina. De repente, Ian se abrió paso entre la multitud con la elegancia de un jaguar, sosteniendo dos copas de champán. Al llegar junto a Savanna, se detuvo un segundo solo para admirarla. Bajo las lámparas de araña, ella no solo era la mujer más bella del salón; era la única que merecía su atención.
—Tu combustible, mi lady —murmuró, ofreciéndole la copa.
Savanna la tomó, rozando sus dedos con los de él a propósito y el contacto disparó una descarga que la obligó a humedecerse los labios.
—Estás muy cómodo en este ambiente, Ian Smith —coqueteó ella, bajando la voz—. Cualquiera diría que naces con un esmoquin puesto cada mañana.
Él inclinó el cuerpo hacia ella, reduciendo el espacio hasta que el aliento de ambos se mezcló.
—Solo trato de no desentonar con la joya que llevo del brazo. Aunque, para ser honesto, preferiría que estuviéramos en cualquier otro lugar donde no tuviera que compartir tu vista con quinientos desconocidos.
Savanna rio, sintiendo el calor subir por su cuello.
La química entre ellos era tan palpable que varias cabezas se giraban al verlos, envidiando la estampa perfecta que formaban. Sin embargo, la vibración del teléfono en el bolsillo de Ian cortó el hilo.
—Perdóname. Un minuto —dijo él, su expresión endureciéndose en un parpadeo.
—¿Qué pasa? ¿Sucedió algo? —preguntó Savanna viendo el cambio en él.
—No. Es mi amigo… —Le guiñó un ojo—. Nada de qué preocuparse.
Se alejó hacia los balcones de mármol que daban a los jardines. Allí, oculto entre las sombras de las columnas, lo esperaba Braxton. El hacker no vestía de etiqueta; llevaba un uniforme de mesero que le quedaba ligeramente grande y sostenía una bandeja vacía.
—Bonito disfraz —siseó Ian al acercarse—. ¿Nadie sospechó?
—Por favor, Ian. Hackeé el sistema de catering hace tres horas. Soy el "refuerzo de última hora" —Braxton soltó una risita ácida y ajustó su pajarita—. Por cierto, acabo de ver a tu esposa. Joder, es un ángel. Ahora entiendo por qué no respondes los mensajes a tiempo. Si yo tuviera eso en casa...
Ian lo miró y sus manos se apretaron a tal punto que sus nudillos crujieron.
—White debe saber quién es el líder. Él tenía que tener los nombres de los otros que se repartieron el imperio de tu padre como si fuera un botín de guerra.
—Bien —dijo y su mirada se volvió letalmente metódica—. Ya sabes lo que tienes que hacer. Empezaremos a hundir sus empresas pequeñas desde las sombras. Quiero que entre en pánico. Yo buscaré acercarme... porque antes de acabar con él, necesito que confíe en mí, y por la memoria de mis padres, juro que voy a arrancarle hasta el último centavo de lo que les robó.
Sin decir nada más se giró y volvió al salón, con la mirada escaneando el mar de gente buscando a Savanna.
Pero cuando la encontró. No estaba sola.
Un hombre con una sonrisa arrogante, le sostenía el brazo mientras le susurraba algo al oído que la hacía reír. El tipo se inclinaba demasiado, su mano rozaba la espalda descubierta de Savanna de una forma que él no pensaba tolerar.
Y por eso… caminó hacia ellos.

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