C124-EL PODER DEL DINERO
MANSIÓN DEVERAUX
Isabelle Deveraux estaba sentada en su sala de estar.
La puerta se abrió, y su asistente personal, Luigi, entró con pasos apresurados. Era un hombre delgado de unos treinta años, siempre vestido de negro y muy eficiente.
—Señora Deveraux, tenemos una situación.
Isabelle levantó la vista de su iPad, donde había estado revisando los portafolios de inversión de la familia.
—¿Qué tipo de situación?
Luigi se aclaró la garganta, claramente incómodo.
—Es sobre el joven señor Elias. Una mujer llamada Jodie Brennan acaba de presentar una denuncia formal en la comisaría del distrito 17. Alega agresión sexual y chantaje con material fotográfico.
El silencio que siguió fue absoluto. Isabelle dejó su taza de té sobre la mesa y cualquiera que la conociera sabría que así era más peligrosa que cuando estaba enojada.
—¿Cuándo?
—Hace aproximadamente una hora. La denuncia fue tomada por la Detective Sarah Mitchell de la Unidad de Víctimas Especiales.
Isabelle se levantó, caminando hacia los ventanales con pasos medidos.
«Estúpido Elias»
La rabia burbujeaba bajo su piel como lava, pero su rostro permanecía perfectamente compuesto. Había pasado años perfeccionando esa máscara. Años construyendo el imperio Deveraux desde las sombras mientras su difunto esposo tomaba el crédito.
Y no iba a permitir que una chica sin nombre, sin linaje, sin nada, destruyera todo lo que había construido.
—¿Qué más sabemos de ella?
Luigi consultó su tableta.
—Jodie Brennan, trabaja como asistente ejecutiva en Hayes Holding. Vive en un apartamento de renta controlada en Queens. No tiene antecedentes penales. No tiene conexiones políticas o sociales significativas.
—Hayes —murmuró Isabelle.
Se giró hacia su asistente, con los ojos brillando con una determinación fría.
—Llama al Comisionado Hartley. Dile que necesito que me pague el favor que le hice.
Luigi dudó por un momento.
—Señora, el Comisionado es... bueno, es el jefe de policía de toda la ciudad. No sé si...
—Luigi —La voz de Isabelle era suave, pero había acero debajo—. He donado dos millones de dólares a su campaña de reelección. He financiado tres galas benéficas en su nombre. Y tengo fotos de él en situaciones... comprometedoras. ¿Crees que no va a contestar mi llamada?
El hombre tragó y asintió.
—Haré la llamada ahora mismo.
Salió de la sala, dejando a Isabelle sola con sus pensamientos. Ella volvió a su silla, tomando su teléfono personal, sus dedos se cerraron alrededor del dispositivo con fuerza.
Marcó el número de Elias, el teléfono sonó tres veces antes de que él contestara.
—¿Madre?
—¿Dónde estás?
—En la oficina. ¿Por qué?
—Señora Deveraux. Qué sorpresa.
La voz era masculina, con un acento que hablaba de educación en escuelas privadas y veranos en los Hamptons.
—Comisionado Hartley, necesito un favor.
—Por supuesto. ¿Qué puedo hacer por usted?
Isabelle sonrió.
—Hay una denuncia que acaba de ser presentada en el distrito 17. Contra mi hijo y necesito que desaparezca.
Hubo una pausa del otro lado.
—Isabelle, eso es... complicado. Especialmente si ya está en el sistema. Y si es de la SVU, hay protocolos.
—Los protocolos se pueden ignorar. Los sistemas se pueden manipular. Y tú, querido Comisionado, tienes la autoridad para hacer que esto desaparezca antes de que se convierta en un problema.
—¿Y qué gano yo?
Isabelle se recostó en su silla, cruzando las piernas.
—Además de mi continuo apoyo financiero, tengo información sobre cierto senador que está planeando una investigación sobre corrupción policial. Información que podría ser... útil para ti.
El silencio se instaló.
—Envíame los detalles, veré qué puedo hacer.
—No veas qué puedes hacer. Hazlo. O la próxima vez que hablemos, será para discutir cómo esas fotos comprometedoras tuyas terminaron en manos del New York Times.
Colgó sin esperar respuesta y volvió a mirar por la ventana, Jodie era estúpida que pensaba que la justicia estaba de su lado, pero estaba a punto de aprender una lección sobre cómo funcionaba realmente el mundo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!