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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 116

C117-TE QUEDARÁS AQUÍ

El médico cerró su maletín y miró a Ian con una expresión que mezclaba profesionalismo y comprensión.

—Está bien. Solo fue la impresión. El estrés emocional causó una bajada de presión, pero tanto ella como el bebé están perfectamente, solo necesita descansar.

Ian le dio un asentimiento, al mismo tiempo que soltaba un peso de mil toneladas y miró a Savanna, que seguía inconsciente sobre la cama.

—Gracias, doctor.

El médico le dio unas palmadas en el hombro antes de salir, seguido por Jodie y Braxton.

Ian se quedó un momento más, observando a Savanna dormir, después de un tiempo, finalmente salió, cerrando la puerta con cuidado. En el pasillo, Braxton lo esperaba.

—Aumenta la seguridad de la mansión —le ordenó Ian—. Duplica los guardias. Quiero cámaras en cada esquina, nadie entra o sale sin mi autorización.

Braxton asintió.

—Entendido. ¿Algo más?

—Puedes quedarte con Jodie aquí si quieres. Hay suficientes habitaciones.

Braxton miró a Jodie, esperando su respuesta. Pero ella negó con la cabeza, con una expresión que era pura frialdad.

—Me iré a casa.

Luego miró a Ian, con una intensidad que hizo que el aire se sintiera más pesado.

—Fue muy cruel lo que hiciste, Savanna no se merecía eso.

Se giró hacia Braxton, con una decepción que le quemaba los ojos.

—Y tú... no pudiste confiar en mí. ¿Qué tipo de relación tenemos si no puedes contarme algo tan importante?

Se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Braxton miró a su amigo, siseando con una mezcla de frustración y pánico.

—¿Lo ves? ¡Está enojada!

Salió corriendo tras ella, dejando a Ian solo en el pasillo.

Ian suspiró, pasándose una mano por el rostro, había recuperado a Savanna, pero a qué costo.

AFUERA DE LA MANSIÓN

Braxton alcanzó a Jodie justo cuando ella llegaba al auto que había llamado. La tomó del brazo, deteniéndola antes de que pudiera abrir la puerta.

—Jodie, espera. Déjame explicarte.

Ella se giró, con una furia que hacía que sus ojos brillaran bajo las luces de la entrada.

—¿Explicarme qué, Braxton? ¿Cómo viste a Savanna sufrir durante meses y te quedaste callado? ¿Cómo la viste llorar, ir al cementerio cada domingo, hablarle a una tumba vacía, y no dijiste nada?

—Porque no era mi secreto que contar —respondió él, con una desesperación que le quebraba la voz—. Ian es mi mejor amigo. Me pidió que guardara el secreto y lo hice. No estaba de acuerdo, créeme. Peleamos por esto más veces de las que puedo contar. Pero la situación era tensa, peligrosa. Si alguien se enteraba de que estaba vivo, Savanna habría sido el primer objetivo.

Jodie negó con la cabeza.

—Aun así... debiste confiar en mí.

Braxton se acercó, acunando su rostro con ambas manos. La miró con una intensidad que hacía que el aire entre ellos se cargara de electricidad.

—Confío en ti más que en nadie en este mundo. Pero esto no era sobre confianza. Era sobre protegerte. Si sabías la verdad, no hubieras guardado el secreto y yo no podía permitir eso.

La besó y Jodie respondió al beso, sintiendo como la rabia se derretía bajo el calor de sus labios. Cuando se separaron, Braxton presionó su frente contra la de ella, con los ojos cerrados.

—Te amo, Jodie. Te amo con mi vida.

Ella sintió ese amor. Lo sintió en cada fibra de su ser y en ese momento, tuvo el impulso de contarle todo. De decirle lo que Elias había hecho.

AL DÍA SIGUIENTE - HABITACIÓN DE IAN

Savanna despertó lentamente, con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas de seda. La habitación era lujosa, con muebles de madera tallada y una cama tan grande que podría perderse en ella.

Cuando enfocó la vista, vio a Ian de espaldas, mirando por la ventana. Al escucharla moverse, se giró y caminó hacia ella con pasos lentos, además de una sonrisa.

—Buenos días, mi amor.

Ese mi amor, la hizo vibrar.

Pero ella lo miró con una frialdad que hizo que la sonrisa de Ian se desvaneciera. Se levantó de la cama sin decir una palabra y él intentó ayudarla, extendiendo su mano, pero ella se apartó como si su contacto quemara.

—Suéltame. He ido al baño todo este tiempo, no haces la diferencia.

Ian asintió, dejando caer su mano.

La vio caminar hacia el baño, con el corazón apretándose en su pecho. Sabía que las cosas no serían fáciles y que tendría que ganarse su perdón paso a paso.

Cuando Savanna salió poco después, él ya estaba vestido con un traje gris que lo hacía lucir devastadoramente guapo.

Ella apretó los dientes, odiándose a sí misma por notar lo bien que se veía.

—Voy a volver a mi departamento —informó, con una voz que no admitía discusión.

Ian, que estaba acomodándose los gemelos de oro, la miró con una calma que contrastaba con la tensión en el aire.

—No. No irás allí. Te quedarás aquí, esta es tu casa.

Savanna sintió como si la hubieran abofeteado.

—¿Perdona?

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