Entrar Via

30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 197

LILIANA CASTILLO

Después de ese par de disparos, solo escuché el agua cayendo en finas gotas. Abrí los ojos y me encontré con Javier, hincado delante de mí. Fruncí el ceño, confundida, porque mis recuerdos vinieron a mi mente como destellos. Santiago hincado frente a mí, preocupado, prometiendo que siempre cuidaría de mí, besando mis rodillas con ternura…

—Eras tú… —susurré con la vista nublada por las lágrimas y cubrí mi boca, silenciando mis sollozos. La mano de Javier se deslizó por mi mejilla, con ternura.

—Sabía que me recordarías algún día —contestó antes de besar con gentileza mi rodilla enrojecida por la caída—. Siempre tropiezas cuando corres. De seguro tienes los pies chuecos.

—¡Eso no es cierto! —exclamé indignada, pero los sollozos entrecortaban mis palabras y las hacían sonar menos molestas.

—Ya… No llores… Me matas cuando lloras así —susurró con ternura, tomando mis manos y besándolas dulcemente antes de tomarme en brazos—. Todo está bien. Perdóname por llegar tarde.

Volteé hacia atrás, por encima de su hombro. El hombre que cuidaba a Carmen estaba en el piso, inmóvil, Carmen también. Javier les había disparado. Me quedé en completo silencio, confundida. ¿En verdad había alzado la mano contra su madre por defenderme a mí?

—Javier… —murmuré como niña regañada, sin poder creer lo que había pasado.

—¿Mande, princesa? —preguntó tranquilo mientras andaba por el camino hacia la entrada principal. Todos los hombres que custodiaban el jardín no emitían ni una sola palabra.

—Maté a tu papá… —susurré temiendo que no le hubiera creído a Carmen al principio. Esperaba que me soltara y me gritara, que me disparara, pero solo sonrió.

—Lo sé. Lo escuché —contestó tranquilamente antes de sentarme encima del cofre de su auto. Se recargó con ambas manos colocadas al lado de mis caderas y frotó su nariz contra mi mejilla.

—¿No estás… enojado? —pregunté aún confundida. Sentí su aliento acariciar mi piel, estaba riendo suavemente, como si mi actitud le diera gracia.

—Contigo nunca estaré enojado —contestó antes de darme un beso en la frente.

—Nunca digas nunca —refunfuñé frunciendo tanto las cejas que casi se tocaban—. Javier…

Tomó mi rostro entre sus manos y me sonrió. Parecía tranquilo, gentil. Esa máscara de frialdad y apatía ya no estaba, había desaparecido.

—No sabes el miedo que me embargó cuando escuché la explosión —susurró mientras me estrechaba con fuerza—, pensé que te había perdido.

Escondió su rostro en la cuna de mi cuello y me apretó con más fuerza entre sus brazos, sin importarle que su ropa se humedeciera.

—Nunca dudes que eres lo más importante para mí, Liliana. No me importa lo que hiciste o no hiciste —agregó con ternura, entonces me removí para poder verlo a los ojos, sorprendida y escéptica. ¿En verdad hablaba en serio?

—Primero me corto ambas manos antes de herirla —contestó Javier sin apartar la mirada de mí. La devoción con la que me veía me conmovía y después de salvarme de su madre no solo me sentía en deuda, sino que me preguntaba si yo era suficiente para él.

—Vamos a ver qué destrozos hiciste, ratoncita —dijo mi padre con un bufido antes de andar hacia la casa. Un par de sus hombres se le acercaron para escoltarlo. Entonces eché un vistazo alrededor, dándome cuenta de que todos los guardias del jardín estaban quietos, sin apuntarnos ni juzgarnos.

—¿Por qué no nos atacan? —pregunté confundida.

—¿Por qué atacarían al líder de la organización y a su mujer? —preguntó Javier en un susurro en mi oído.

—¿Cómo? —inquirí aún confundida.

—Ahora que Rafael está muerto y Carmen fuera de escena, la máxima autoridad soy yo —contestó acariciando mi mejilla—. A menos…

—¿A menos? —pregunté angustiada.

—A menos que Santiago quiera pelear por el lugar —contestó Javier y no pude evitar sobresaltarme. ¿La rivalidad entre ellos seguiría, aunque en realidad era alimentada por Rafael y Carmen? ¿Santiago querría seguir peleando por el control de la organización?

Sentía que mi lealtad se estaba fracturando. Había jurado estar de lado de Santiago, pero si él se ponía en contra de Javier… entonces tendría que enfrentarse también a mí.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: 30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada!