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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 180

SANTIAGO CASTAÑEDA

—Hay algo que tu padre nunca te enseñó y se volvió un punto débil —dijo Guillermo viéndome con intensidad—. No todo se trata de disparar, intimidar y tomar las cosas a la fuerza. Observa, tomate tu tiempo, piensa con calma.

Sus palabras causaron eco dentro de mí. Era tan diferente a mi padre que todo lo tomaba por la fuerza y cuanto antes. Era desesperado y explosivo, mientras que Guillermo parecía calmado y reflexivo.

Regresé mi atención hacia la familia Castañeda, esa en la que yo ya no figuraba. Mis ojos se encontraron de pronto con los de Lily y entonces noté que ella no parecía preocupada, tampoco soberbia, me sonrió como solía hacerlo, con esa inocencia que me hacía verla incluso más joven de lo que en realidad era.

Entonces el circo comenzó, de pronto los murmullos se volvieron exclamaciones de horror y sorpresa. La gente comenzó a separarse, como si estuvieran en presencia de algún enfermo o vagabundo. Fue cuando la vi, era Rita la hermana de Carl, estaba bañada en sangre, podía apostar que era de ella, y sostenía un cuchillo en su mano temblorosa.

El corazón me dio un vuelco cuando noté que su atención estaba por entero en Liliana y que mi atarantada favorita aún no se percataba del caos que se precipitaba hacia ella. Ni siquiera alcancé a gritar su nombre cuando Carmen fue quien exclamó, tomó por los hombros a Lily y la abrazó de manera protectora mientras que Javier se interponía entre la dirección del cuchillo y su ahora prometida.

Aunque el cuchillo era de tamaño considerable y se había encajado sobre el pecho de Javier, este ni siquiera retrocedió, como si solo se tratara del molesto piquete de un mosquito. Su puño aterrizó en el rostro ya magullado de Rita haciéndola caer.

—¡Lily, mi niña, ¿estás bien?! —preguntó Carmen asustada mientras acariciaba las mejillas de Liliana y esta se refugiaba en sus brazos, apoyando su cabeza en su hombro, pero sin dejar de ver el espectáculo.

—¡¿No lo ven?! —gritó Rita con voz temblorosa y desesperada—. ¡Esa maldita los está manipulando como manipuló a mi hermano! ¡Todo esto es su plan! ¡Todos están ciegos!

Cuando volteé hacia Guillermo, estaba tranquilo, con una sonrisa apenas perceptible. Entonces Javier volvió a golpear a Rita, esta vez en el estómago, haciéndola caer al piso.

—Javier… ¿cómo es que se escapó? —preguntó Carmen con soberbia sin dejar de abrazar a Lily—. No es la manera en la que tienes que entregarle su regalo a tu prometida.

Entonces Lily se zafó del abrazo de Carmen con gentileza y se acercó a Rita que aún se retorcía en el piso, pero con la mirada llena de rencor.

—Tú… —susurró Rita y por un breve instante Lily ya no parecía inocente ni vulnerable, por el contrario, su mirada estaba llena de soberbia. Con la punta de su zapato levantó el mentón de Rita y sonrió.

—Yo pedí tu cabeza como regalo de compromiso… —susurró con voz envenenada—. Fue una mala idea secuestrarme y venderme.

¿Secuestrarla y venderla? ¿Rita era responsable de la desaparición de Lily?

Entonces eché un vistazo alrededor, estaba buscando a Santiago, pero a quien en verdad vi fue a Carl, entre los presentes, disfrazado de mesero y con el cabello pintado de castaño. Había presenciado lo ocurrido, había visto a Javier matar a su hermana y se estaba conteniendo por no explotar.

Esto era su culpa por no contenerla, por dejar que se saliera con la suya siempre que se lo proponía. Recordé el tiempo que permanecí secuestrada, preguntándome cuánto se había esforzado Carl por encontrarme, o si tan solo lo había intentado. Sabía que no era opción que él me encontrara antes que Carmen y Javier, pero… ¡carajo! Si tanto le importaba, entonces… ¿dónde estaba él? ¿De qué sirve preocuparte por la persona que te gusta desde la comodidad de tu sillón?

La indignación y el rencor se mezclaron dentro de mi pecho, me acerqué a Javier, tomé su rostro entre mis manos y lo besé con intensidad y deseo. Al principio su cuerpo se tensó, sus labios se paralizaron, pero entonces la pasión de mi boca lo contagió. Su mano se deslizó por mi cintura, pegándome a su cuerpo, mientras dejaba caer la charola con la cabeza de Rita al piso.

Entonces pasó lo que había estado esperando. El primer hombre cayó al piso entre convulsiones, con espuma en la boca. Carmen gritó horrorizada, Javier me escondió detrás de él, de manera protectora. Antes de que alguien preguntara qué era lo que ocurría, la segunda víctima cayó al piso de la misma manera hasta que su cuerpo dejó de moverse. Uno por uno, cada persona que había bebido vino en esa noche, estaba cayendo entre gritos de agonía, vomitando sangre y convulsionando hasta dejar de respirar.

—¡¿Qué está pasando?! —exclamó Carmen horrorizada, viendo como cada aliado importante caía.

Cuando busqué a Carl, ya no estaba, había desaparecido de la misma manera que Santiago. Mi padre fue el único que permaneció de pie, tranquilo, viéndome con orgullo y una media sonrisa.

Entonces Javier se acercó con curiosidad al cuerpo de Rita, la cápsula se asomaba sutilmente de su bolsillo. La tomó con cuidado y la levantó ante la mirada de todos, causando asombro. Era el veneno.

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