JULIA RODRÍGUEZ
—¿Quién soy yo para hablarle de familias poliamorosas? ¿En verdad consideras que es buena idea? —preguntó bajando más la voz, poniendo esos ojos de loco y apretando los dientes.
—No somos una familia poliamorosa —susurré molesta, dándole un manotazo.
—¡Wey! ¡No mames! —exclamó frustrado—. Tú eres su mamá, yo soy su papá, Matt es su papá… ¿y Lily? ¿Otra mamá? ¡Pobre niño! Es demasiado joven para entender de la vida.
De pronto Mateo abrazó a Alex con emoción, rodeando su cintura y tomándola por sorpresa.
—¡Ahora tengo dos mamás y dos papás! —exclamó emocionado, logrando que Alex se ruborizara. Entonces Lily también apareció, viendo el espectáculo a distancia con una gran sonrisa—. ¡Lily! ¡Mira! ¡Tengo dos mamás!
—¡Qué genial! —exclamó divertida con el caos—. Mi mamá hizo algo parecido, para que mis hermanos y yo no nos peleáramos, nos dio un papá a cada uno. ¡Qué considerada, no?!
Tanto Santiago como yo la vimos fijamente, dudando de si consideraba que eso era normal.
—¿Ves? No hay familias normales… —susurró Santiago encogiéndose de hombros—. La mamá de Liliana tenía su harén, yo tengo el mío. ¿Cual es el problema? Tal vez Mateo crezca pensando que eso es lo que tiene que pasar. Formar un harén o ser parte de uno.
—Bueno, me queda claro que está no era la manera en la que yo pensaba tocar el tema con Mateo —dije intentando jalar aire antes de caer en un ataque de ansiedad.
—¡Lily! ¡¿Tú también eres mi mamá?! —preguntó Mateo con el ceño fruncido.
—Nop, solo tu amiga —contestó Liliana encogiéndose de hombros y dedicando una enorme sonrisa.
—¡Ey! ¡Perteneces al mismo harén! —exclamó Santiago ofendido hasta que Alex arqueó la ceja.
—¡Mira nada más!, y lo gritas muy orgulloso —dijo Alex cruzándose de brazos, metiendo a Santiago en aprietos.
—Mi ladroncita hermosa, preciosa, divina, solo estaba bromeando. —Se acercó Santiago con una voz suave y suplicante, y apartó a Mateo con un suave empujón—. Tú quítate, niño.
—¡Oye! —exclamó mi pequeño ofendido, pero con una gran sonrisa, sabiendo perfectamente que su papá solo bromeaba.
—Todo es tu culpa, si no hubieras empezado con eso de tus mamás y tus papás no estaría en problemas —sentenció Santiago envolviendo a Alex entre sus brazos, como queriendo consolarla, aunque la mirada de ella delataba que quería golpearlo—. Y para tu debido conocimiento, yo soy tu único papá o por lo menos el favorito, porque el otro vale pa pura madre. Se nota que nunca será tan divertido como yo.
—No, él me la arrebató, no tiene derecho a despedirse de ella —contestó con la voz cargada de resentimiento mientras Matt asentía.
—Nos quedaremos fuera, vigilando —agregó Matt lleno de seguridad—. No somos muchos y posiblemente no seamos suficientes si tu padre decide presentarse con sus hombres, pero por lo menos podemos avisarte si es que se presenta.
Santiago posó su mano sobre el hombro de Matt y asintió a modo de agradecimiento. Jamás creí verlos a los dos juntos y en la misma sintonía, pero algo más llamó mi atención, cuando Matt volteó hacia Alex y le sonrió mi estómago se revolvió, pero no de celos. Ambos tenían el mismo tono de cabello, el mismo color de piel y ojos claros. Su nariz era una versión más delgada de la de Matt, pero igual de rectas y con la punta respingada. Aunque los ojos de Matt eran azules y los de Alex eran verdes, eso no minimizaba el… parecido.
¡Dios santo! ¡No! ¡Tenía que estarme haciendo ideas! Era imposible.
—Bueno, supongo que es hora de irnos —dijo Santiago con media sonrisa y salió de la mansión con Alex de su brazo, mientras mi cerebro comenzaba a darle vueltas a todo y sentía una presión en el pecho.
Me acerqué a Matt en el momento todos salían, con las manos frías y sudorosas. Cuando bajó su atención hacia mí, me quedé sin aliento. Me sentía igual que los primeros días trabajando para él, intimidada y nerviosa.
—No te preocupes, no se me ha olvidado lo del virus en tu empresa —dijo antes de que yo soltara cualquier palabra—. Ya le pedí a uno de tus empleados que encienda el servidor cuando le indique para poder trabajar con tu sistema de manera remota.
—Gracias —solté con un suspiro y él solo asintió, caminando derecho hacia la puerta, dejándome atrás. Mi corazón se rompió, pero lo entendí, no había más que decir. Nos habíamos convertido en un par de desconocidos que ya no tenían nada en común, solo el fantasma de un amor que nunca pudo ser—. Gracias por todo lo que haces por nosotros.

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