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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 917

Le dio otra patada.

Cuando los policías entraron, Lilia estaba tirada en el suelo aullando de dolor.

—¡Se lo tiene bien merecido!

Silas salió maldiciendo todo el camino, y supervisó personalmente que encerraran a Lilia en la patrulla.

Luego se volvió hacia Benjamín:

—Hermano, ¿qué pasó con Cecilia?

—Ese par de miserables huyó al aeropuerto, pero la policía los atrapó.

¡Qué alivio!

Silas le guiñó un ojo:

—¿Y mamá? ¿Cuándo irás a buscarla?

Benjamín soltó un largo suspiro.

—Mamá está con Hernán, no te preocupes.

—Ah. —Silas arrastró los pies en el suelo—. Escuché que... Fabiola Miramontes canceló el compromiso. ¿Cuándo irás a rogarle?

Benjamín le echó una mirada al anciano mayordomo.

Los regalos de compromiso habían sido devueltos y estaban guardados en la bodega. Se devolverían por donde vinieron sin mayor problema. ¿Qué estupidez era esa de rogar?

Él no era el tipo de hombre que se humillaba rogando por amor.

Fabiola lo amaba profundamente.

Ahora que Lilia y su madre estaban fuera del mapa, Fabiola aceptaría casarse con él en cualquier momento.

¡Oh!

Es verdad.

Fabiola ya debía estar esperando un hijo suyo, pues en la víspera de Año Nuevo no usó protección.

Si estaba embarazada de él, Fabiola volvería rogándole para reconciliarse.

Silas se sopló el flequillo distraídamente: —Oye, sobre los niños de Sofía... ¿qué vas a hacer con ellos?

—El dinero que correspondía a las acciones de Sofía, los tres mil doscientos millones, fueron transferidos íntegramente a sus hijos.

—¿Así nada más?

Benjamín lo miró de reojo: —¿Y qué más quieres que haga?

Él estaba a punto de ser padre, tendría a su propio hijo. No iba a criar a niños que no llevaran su sangre.

Además, solo había que ver la lección que dejó Josefina sobre lo que pasa cuando crías a un extraño.

Silas tosió un poco incómodo.

—Para ser honesto, me agradan esos dos niños. Sebastián es súper inteligente, y Ana es adorable.

Antes, Lilia no le permitía mostrar cariño por Sofía ni por los niños, así que tenía que fingir odio cada vez que los veía.

Ahora que Lilia estaba en la cárcel, por fin era libre de querer y odiar a quien quisiera.

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