Entrar Via

VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 883

Benito corrió tras ella, desesperado.

—¡Sofía, por favor, ten piedad de él! Cuando recibió la noticia de tu secuestro, todavía estaba internado. Su salud es deplorable. Lleva meses bajo una presión extrema, destrozado por la preocupación. Ha tomado antidepresivos, ha vomitado sangre y pasa noches enteras sin pegar el ojo. Esta vez su cuadro fue tan crítico que necesitó transfusiones. Sus órganos están fallando, su vida pende de un hilo.

»Y no solo eso. Desde que le trasplantaron las córneas, no ha dejado de tener complicaciones. En estos últimos días su visión ha caído en picada, casi no ve nada.

»Se suponía que pasaría toda la Navidad internado en urgencias.

Pero esta vez, Leandro no confió en que sus escoltas hicieran el trabajo solos.

Sabía que el Estanque de las Almas Perdidas era una fosa mortal. Temía que, si la situación se salía de control, los mercenarios decidieran salvar su propio pellejo y abandonaran a Sofía en la oscuridad más absoluta.

Por eso, arrastrando su cuerpo agonizante, insistió en liderar el rescate.

Sabía que, si él estaba allí, incluso si el mismísimo demonio abría sus fauces para devorarla, él se interpondría para ser devorado primero.

Benito la seguía de cerca, casi suplicándole.

—Míralo con compasión, Sofía. Ha sufrido demasiado.

—Te ruego que creas que todo lo que ha hecho, cada sacrificio, ha sido únicamente por ti.

Sofía aceleró el paso.

Al llegar a la terraza este de la propiedad, la vista se abrió a un inmenso lago cristalino. Al otro lado, montañas envueltas en niebla se alzaban hacia el cielo, luciendo sagradas e imponentes.

A la orilla del lago, sobre una base de barro fresco, había un rudimentario fogón encendido.

Sobre el fuego descansaba una enorme olla de hierro negro, y dentro, el agua hervía a borbotones. Y lo que flotaba en esa agua hirviendo era... ¿cabello negro?

El hombre que alimentaba el fuego estaba de espaldas.

Estaba completamente rapado.

En plena víspera de Fin de Año, con la temperatura rozando los cero grados, ese hombre se había afeitado la cabeza.

Y, sin embargo, su vestimenta era impecable. Llevaba un traje sastre hecho a la medida y zapatos de cuero lustrados. Su postura era recta, imponente, desprendiendo una elegancia que contrastaba de manera surrealista con el paisaje y la extraña olla frente a él.

Sofía se quedó petrificada.

—¡Señor Corona! —gritó Benito.

El hombre rapado se giró.

Sus miradas chocaron.

¡Dios mío!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA