—Nos vamos —ordenó Leandro, alzando la barbilla y manteniendo su rostro en alto, a pesar de lo ridículo que se veía.
El guardaespaldas empujó la silla de ruedas.
Las risas y los aplausos de la propuesta de matrimonio en la habitación 008 quedaron a sus espaldas.
Justo cuando esos sonidos de alegría empezaron a desvanecerse, Leandro apoyó un pie firmemente contra el suelo.
—¡Alto!
El guardaespaldas se detuvo de inmediato, preocupado.
—¿Pasa algo, señor?
—¡Regresa!
—Pero... ¿ya no vamos a ver al asistente Mancilla?
—¡Regresemos a la habitación 008!
—Señor...
Aun así, no tuvo más remedio que girar la silla y llevarlo de vuelta.
Frente a la habitación 008 se había congregado bastante gente, bloqueando la puerta para ver el espectáculo.
El punto culminante de la propuesta de matrimonio estaba sucediendo, y desde su lugar apartado junto a la pared, Leandro podía escuchar todo con claridad.
La voz de Lorenzo temblaba de emoción:
—Sofi, hoy te hago esta pregunta formal y desde lo más profundo de mi corazón: ¿te casarías conmigo?
La voz de Sofía, al borde de las lágrimas, respondió:
—Sí, acepto.
—¡Mi Sofi! —exclamó Lorenzo, emocionado.
Sofía dejó escapar un sollozo.
—Ay...
—No llores, por favor. Apenas te operaron de los ojos, no puedes llorar —suplicó Lorenzo dulcemente.
La vocecita de Sebastián interrumpió la escena:
—Papá, ponle rápido el anillo de compromiso.
Ana secundó a su hermano:
—¡Sí! Cuando mami tenga el anillo de compromiso, estará muy feliz.
Lorenzo soltó una carcajada de pura dicha.
—Dale el anillo a papá.
—Toma —dijo Sebastián.
—Y la pequeña canasta para papá también —añadió Ana.
Siguieron aplausos, ovaciones y risas.
Asumiendo que ya le había puesto el anillo, Lorenzo comenzó su discurso con la voz quebrada por la emoción.
—Así es como debe casarse una mujer, con un hombre de verdad. Bueno, con dinero, y con una buena familia que la acepte. Esa muchacha va a tener una vida envidiable.
Los dientes de Leandro rechinaban con fuerza.
El guardaespaldas, sintiéndose incómodo, preguntó:
—Señor Corona, nosotros... ¿nos vamos?
Leandro soltó un suspiro pesado, como si el aire le quemara los pulmones.
—Espera un poco más.
La anciana se giró hacia él y arqueó una ceja.
—¿Y tú qué, muchacho? ¿Vas a robarle la novia al otro?
Leandro se quedó mudo.
La anciana lo escrutó de arriba a abajo.
—¿Qué te pasó en los ojos? ¿Tampoco te sirven las piernas? ¿Estás ciego y lisiado?
Alguien más soltó una burla mordaz:
—Las mujeres de hoy no son tontas. Con ese estado en el que te encuentras, no puedes competir ni en físico ni en dinero. ¿Por qué iba a fijarse en ti?
—Como dicen en internet... ¿qué se supone que va a buscar en ti? ¿Que seas pobre? ¿Que seas un inútil? ¿O que la trates mal?
Entre el barullo de las burlas, la voz de Sofía se alzó desde el interior de la habitación, desbordando una alegría infinita.
—Lorenzo, eres la única luz en mi vida. Cuando todos se levantaron en mi contra, cuando querían destruirme y me dejaron completamente sola... fuiste tú quien me demostró que aún había alguien en el mundo dispuesto a amarme.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...