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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 365

Doña Beatriz Jiménez soltó un grito escandaloso, como si fuera una alarma antiaérea.

—¡Ay, Sofí, qué tragedia! ¡Al final todo tu esfuerzo fue para que la Reina de los Realities se quedara con él!

Sofía se zafó del agarre de Doña Beatriz de un tirón y lanzó una mirada cargada de furia hacia la pareja.

El rostro triunfante de Isabel y la sonrisa cínica de Leandro se clavaron en sus ojos.

Ambos se estaban burlando.

Se reían de que ella hubiera perdido todo.

En aquella absurda historia de amor, ella había terminado como la víctima olvidada. Pero para ellos, eso no era suficiente.

Leandro e Isabel querían seguir humillándola, sacando un placer retorcido de verla en la miseria.

Al ver la sonrisa perversa de Leandro, una ola de arrepentimiento y furia invadió a Sofía.

Agarró su bolso, levantó su botín y, cojeando descalza de un pie, se alejó de allí.

Rodeó la cerca hasta llegar a una esquina del Castillo de Nupcias, donde sus dos hijos estaban trepando felizmente.

No se los llevó de inmediato.

Leandro ya había entrado al área del castillo con Isabel.

Él sostenía su teléfono, tomándole fotos en diferentes poses.

Si Sofía se llevaba a los niños en ese momento, Leandro aprovecharía para burlarse de que era una cobarde huyendo despavorida con sus hijos.

Y desde la perspectiva de los niños, ver a su madre huir al instante en que aparecía ese hombre arrogante, les crearía un trauma, haciéndoles sentir que debía tenerle miedo.

Sofía se acercó a unas colchonetas de colores que estaban en el borde del castillo. Había dos caballitos de madera ahí.

—Mis amores, vengan a subirse a los caballitos —los llamó asomándose por la baranda.

Los dos niños corrieron hacia ella.

Sofía giró los caballitos de madera.

Los acomodó para que los niños quedaran mirándola a ella, de espaldas al castillo, evitando así que vieran a Leandro y a Isabel.

Mientras tanto, los padres de Isabel, que habían venido a acompañarla a probarse el vestido, también caminaban alrededor del castillo.

Sofía los vio, apartó la mirada y bajó la cabeza.

Sin embargo, la Señora Molina no estaba dispuesta a dejarla en paz.

Una sombra roja se paró a su lado, bloqueándole la luz. Sofía apretó los puños.

Ese mismo día, de camino a la plaza, Isabel estaba de tan buen humor que había puesto música electrónica a todo volumen en el coche. Ante las preguntas de su madre, Isabel le había contado en secreto que Ximena había actuado y que Sofía estaba acorralada.

El estilo de Isabel era muy particular.

Ante los demás, solo contaba lo que la hacía quedar bien o lo que engrandecía su imagen. Si algo podía perjudicarla, lo omitía por completo.

Por eso, la Señora Molina solo sabía que Sofía había usado a unos niños para intentar infiltrarse en la familia Lira y había fracasado. No tenía ni la menor idea de que esos niños podrían ser hijos de Leandro.

—Si tienes el valor, ve y hazte la prueba de paternidad, a ver si de verdad son hijos de Lorenzo.

Estaba tan concentrada en atacar a Sofía que no se dio cuenta de que Leandro, mientras fotografiaba a Isabel, se había acercado hasta ahí.

Leandro alcanzó a escuchar el final de la conversación.

—Señora, ¿qué prueba de paternidad?

La Señora Molina miró a Sofía con desprecio.

—Esta mujer es una vergüenza total. Trató de usar a unos gemelos para casarse con un hombre rico. Pero al final, le exigieron una prueba de paternidad y salió huyendo del lugar con los niños, muerta de miedo.

—¿De verdad pasó eso?

Leandro soltó una carcajada.

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