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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 360

Ambas eran mujeres, ambas se habían casado con hombres de la misma familia.

Ambas eran nueras de la misma suegra, ¿por qué había tanta diferencia en el trato?

Ximena veía a Susana abrazando a Sofía, consolándola entre lágrimas, y sentía que los ojos le ardían.

¿Cuándo la había tratado así Susana?

Incluso cuando tuvo un parto natural dolorosísimo para dar a luz a su hijo de casi cuatro kilos y lloraba del dolor, Susana solo se limitó a secarle las lágrimas y acomodarle un poco el cabello.

Jamás había recibido el trato y el amor que le estaban dando a Sofía.

Bzzz...

El sonido de una notificación interrumpió sus pensamientos. Ximena le entregó su robusto hijo a la empleada y revisó el teléfono de inmediato.

Era un mensaje de su diosa, Isabel Molina.

Inconscientemente, Ximena frunció el labio y unas lágrimas amenazaron con salir.

Los extraños la trataban mejor que su propia familia. Su suegra no se daba cuenta de sus celos hacia la familia de Sofía. Estaba relegada a un rincón junto a su hijo y su suegra ni siquiera se había percatado.

En cambio, Isabel, alguien que no era de su sangre ni de su familia, se preocupaba por ella a la distancia.

La voz de Isabel en el teléfono era suave y comprensiva.

—Ximena, ¿cómo te sientes? He estado pensando mucho en ti, me tenías preocupada.

Ximena respondió con la voz quebrada:

—¡Gracias! Isa, eres un ángel.

Isabel, fingiendo preocupación por el futuro del niño, le preguntó:

—Oye... ¿Ya has tomado alguna medida para asegurar el futuro de tu hijo?

Ximena miró de reojo a Sofía y a su suegra, que seguían abrazadas y charlando afectuosamente.

La imagen le dolió en el alma.

Apretó los puños y respondió:

—Ya empecé a hacer algo.

Isabel la apoyó con entusiasmo:

—Eres una madre increíble, así debe ser. Tienes que recuperar todo lo que le pertenece a tu hijo y no dejárselo a los extraños.

—Gracias.

—Espero buenas noticias de tu parte.

—Claro que sí.

Isabel soltó una alegre risita:

—Yo también tengo una buena noticia que contarte. Al rato, mi esposo me va a llevar a ver vestidos de novia, ¡e incluso invitó a mis padres para que nos acompañen!

Ese tipo de cosas solían ser muy privadas.

La gente común rara vez tenía el privilegio de escuchar a su ídola compartir algo así.

—Mamá, quiero ir al baño.

Sofía seguía sumida en su emotiva charla con Susana.

Las dos mujeres se separaron de inmediato.

Con rapidez, Ximena le tomó el bracito a Sebastián.

—La tía Ximena te lleva, deja que mamá y la abuela sigan platicando.

Sebastián iba acompañado de las dos empleadas de Susana.

Él era algo tímido y no le gustaba que desconocidos lo acompañaran al baño, por eso había ido a buscar a su mamá.

Pero al ver que era Ximena, la miró un segundo.

Era su tía, parte de su familia.

Su mamá le había enseñado que todos en la familia Lira eran sus familiares, que se preocupaban por ellos y que, al igual que recibían su cariño, ellos también debían quererlos y tratarlos bien.

Él asintió.

—Muchas gracias, tía.

La mano que Sofía había extendido se quedó a medio camino.

Sebastián la miró.

—Sigue hablando con la abuela, yo iré al baño con mi tía Ximena.

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