Apenas Leandro pronunció aquellas palabras.
Isabel, enfurecida, reclamó a gritos.
—Leandro, ¿para qué la llamas?
—Necesito ayuda —dijo él, con una voz ronca y tensa, como si cada palabra se abriera paso a través de sus dientes apretados.
Isabel no le dio importancia y le ordenó.
—¡Te prohíbo terminantemente que tengas algo que ver con ella!
Leandro, sin dejar de presionar el pecho del joven, levantó la cabeza y la fulminó con la mirada.
—¡Cállate!
Isabel se quedó petrificada, con la boca abierta.
¿Leandro le estaba gritando?
¡Le había levantado la voz!
¡Nunca en su vida la había tratado de esa manera!
Las lágrimas brotaron de sus ojos como un torrente y descargó toda su frustración hacia Sofía.
—¡Lárgate de aquí!
Los espectadores que aún no se habían alejado se llenaron de indignación y comenzaron a recriminarle todos a la vez.
—¿Pero qué clase de persona eres? ¡Viene un médico a ayudar y no dejas que lo asista!
—Reina de los Realities, qué título tan inmerecido. Eres una persona con valores deplorables y nula empatía. Que sigas apareciendo en la pantalla es un peligro tóxico para la sociedad.
—¡Si a este chico le pasa algo grave, la culpa será toda tuya!
Incapaz de soportar el ataque colectivo, Isabel miró a Leandro.
Había decidido darle una oportunidad. Tragaría su orgullo por esta vez.
Si Leandro lograba calmarla con palabras dulces, consideraría perdonarlo momentáneamente por haberle gritado.
Y ya en la noche, al llegar a casa, le exigiría disculpas mucho más elaboradas.
Sin embargo, los ojos de Leandro seguían fijos en Sofía.
Y para colmo de males, él reiteró su petición.
—Doctora Valdivia, por favor, venga.
Isabel no lo soportó más; se dio la media vuelta y salió corriendo, envuelta en llanto.
Valentina empezó a correr tras ella con sus piernitas regordetas.
—¡Tía, no te enojes... tía, espérame!
Sofía ya se había acercado a donde estaba Leandro.
El joven, que llevaba demasiado tiempo sin comer, estaba sufriendo un ataque severo de hipoglucemia. Al intentar morder el dulce de coco, sus dientes castañeteaban de forma incontrolable.
—Mami, yo le ayudo al señor~ —Ana se soltó de la mano de Ferrer.
Corrió con sus piernitas regordetas, levantó un poco su vestido de princesa y se agachó a su lado.
Apoyó su carita contra el musculoso brazo del guardaespaldas, tomó el dulce de coco con sus pequeñas manos, arrancó un pedacito y lo introdujo con cuidado en la boca temblorosa del muchacho.
El joven sintió el sabor con la lengua y lo tragó enseguida.
Cuando Ana intentó arrancar otro pedacito, el guardaespaldas soltó una carcajada, partió un trozo con sus dedos gruesos y se lo metió directamente en la boca al joven para facilitarle las cosas.
Para cuando llegó la ambulancia, el muchacho ya había comido lo suficiente como para recuperar algo de fuerza.
Los paramédicos se retiraron con la camilla vacía.
El entusiasmo del público estaba por las nubes. Una parte de la multitud rodeó a Sofía.
—La doctora Valdivia es tan joven, tiene unas manos milagrosas y además es hermosísima.
—Transmite tanta elegancia... es una mujer increíble.
—Doctora Valdivia, ¿en qué clínica u hospital atiende? Me encantaría sacar una cita con usted...
Y la otra parte de la multitud sacó sus teléfonos celulares para rodear a Ana.
—¡Qué niña tan buena y tierna! ¿Te tomarías una foto con esta tía, mi cielo?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...