La abuela lloraba de pura conmoción y ternura.
—¡Qué buena niña! Sofi es una chica maravillosa, sabía que no nos equivocaríamos con ella.
—Ven rápido, dale un abrazo a la abuela.
Con la vista borrosa por las lágrimas, Sofía se acercó un poco.
La anciana la rodeó por la delgada cintura, abrazándola con fuerza.
—Has sufrido mucho todos estos años. Tuviste que pasar por el embarazo, seguir trabajando y además criar a los bebés.
—Y no solo eso, también hace investigaciones médicas. La empresa farmacéutica tradicional que el grupo acaba de adquirir va a poder producir fórmulas exclusivas gracias a ella —interrumpió Susana Yáñez, secándose las lágrimas.
Últimamente, había mucho movimiento dentro del grupo; la filial farmacéutica había comprado una compañía tradicional en la zona industrial, siendo esta otra gran inversión después del hospital privado de los Lira, con el fin de construir una cadena de producción propia.
Y Sofía era, justamente, la pieza técnica clave de ese proyecto.
Respecto a los asuntos de la compañía, su esposo Ricardo Lira le comentaba detalles todas las noches antes de dormir.
El matrimonio siempre había sido amoroso y unido, por lo que ella guardaba cada palabra de su esposo en su corazón.
En esos días, incluso había pensado en invitar a Sofía a comer, platicar con ella, estrechar lazos y cuidar de aquel talento en nombre del Grupo Lira.
¡Quién iba a decirlo!
¡El destino era aún más hermoso!
Una muchacha tan brillante y valiosa resultó ser su nuera.
—Ven aquí, hija, deja que yo también te abrace —Susana reía mientras lloraba.
Sofía se giró para abrazarla.
Zafira Lira estaba emocionadísima.
—¡Lorenzo!
—Sí, abuela.
—Rápido... rápido, ve a traer a tus hijos para que la familia los conozca.
Lorenzo sacó su teléfono celular y abrió la galería de fotos.
—Primero vean algunas fotos de los pequeños. Hace mucho frío y viento, son demasiado chiquitos y para salir hay que prepararlos con tiempo. Cuando Sofi y yo lo organicemos, los traeremos.
La personalidad de Sebastián no se parecía en nada a la suya.
El pequeño tenía un aire muy distante y bastante soberbio.
—¿Cómo es él? —Zafira Lira sonreía de oreja a oreja.
—Sebastián es más maduro, es como un adulto chiquito.
La abuela rio: —Sebastián se parece a tu papá. Tu padre siempre fue así de serio y formal desde niño, con su carita inexpresiva. Saltó grados en la escuela, entró a la universidad a los 13 años y terminó su doctorado a los 20.
¿¡Qué!?
Lorenzo se quedó helado.
Inventar que Sebastián era su hijo ya era bastante descabellado.
Y ahora la abuela decía... que Sebastián se parecía a su padre.
O sea, ¿que Sebastián se parecía al abuelo?
Pero qué locura era esta...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...